Alguien te nombró la anarquía relacional y la palabra te quedó dando vueltas.
Quizá te lo propuso tu pareja, o quizá lo leíste y te sonó a algo que ya vives.
La palabra suena a caos, y eso es lo primero que conviene sacar del medio.
Aquí no vamos a defenderla ni a criticarla: es un sitio clínico, no un foro de opinión.
Vas a encontrar qué es, de dónde salió y en qué se diferencia del poliamor.
También qué exige en la práctica y qué preguntas te conviene hacerte antes de decidir algo.
Es lo que trabajamos cada semana en consulta, sin importar el modelo que elija cada quien.
Qué es la anarquía relacional, en una frase
Es un enfoque de los vínculos que no los ordena por jerarquía: no hay una pareja principal y otros vínculos secundarios por defecto.
Cada relación se acuerda por sí misma, con las personas que están en ella.
Si te lo propusieron con esas palabras, esto es lo que te están proponiendo.
No significa que tu vínculo pase a segundo plano, sino que ningún vínculo tiene el primer plano reservado.
Una amistad puede ocupar el lugar que otros modelos le reservan solo a la pareja.
No es tener más vínculos. Es negarse a decidir de antemano cuál importa más.
De dónde salió el término
Te conviene saber de dónde viene, porque hoy la palabra se usa para cosas muy distintas.
Lo propuso la programadora y activista sueca Andie Nordgren, que en 2006 publicó un texto breve llamado Relationsanarki i 8 punkter, es decir «anarquía relacional en 8 puntos».
La versión en inglés que circula desde entonces se llama manifiesto instructivo breve y tiene nueve apartados.
No es un manual clínico ni un texto de investigación: es un texto de divulgación política.
Eso no lo invalida, pero te conviene tenerlo claro antes de tratarlo como evidencia.
Que sea un texto militante no te obliga a comprarlo entero ni a descartarlo entero.
Los puntos que propone el manifiesto
Te los resumimos respetando lo que dice el texto original.
- El amor no se agota. Querer a una persona no te deja sin capacidad para querer a otra.
- Respeto en vez de derechos adquiridos. La historia compartida no te da autoridad sobre el otro.
- Valores propios, no reglas heredadas. Se define qué se quiere, no qué corresponde.
- No dejar que la norma decida. Ni el miedo al qué dirán.
- Espacio para lo inesperado. Organizar desde el deseo de encontrarse, no desde la obligación.
- La confianza como base. Asumir que el otro no quiere hacerte daño.
- Cambiar hablando. Revisar lo acordado cuando deja de servir.
- Compromisos a medida. Cada vínculo define los suyos.
En qué se diferencia del poliamor y de la relación abierta
La confusión más común es esta, así que te dejamos una tabla.
| Modelo | Qué lo define |
|---|---|
| Monogamia | Exclusividad sexual y afectiva con una persona |
| Relación abierta | Una pareja acuerda contactos sexuales fuera |
| Poliamor | Varias relaciones afectivas, muchas veces ordenadas por importancia |
| Anarquía relacional | Ningún vínculo tiene prioridad asignada de antemano |
Cada modelo lo desarrollamos aparte y, si quieres el detalle, te lo dejamos en qué es el poliamor y en relación abierta.
La diferencia no está en la cantidad de vínculos, sino en si existe o no una escalera.
Y si te falta el contraste completo, lo tienes en qué es la monogamia.
Si estás tratando de ubicar tu situación en la tabla y no te encaja del todo, es normal.
Casi nadie vive un modelo puro: la mayoría de la gente arma algo intermedio.
Lo que la anarquía relacional no es
Aquí es donde se arman casi todos los malentendidos. ¿Cuál de estos tres escuchaste?
No es «sin reglas»
Lo que no tiene es un guion heredado que diga qué incluye una pareja, y los acuerdos siguen ahí, pero te toca hablarlos uno por uno.
Sin libreto previo, se habla más que en la monogamia, no menos.
No es una relación abierta con otro nombre
En una relación abierta suele haber una pareja que se mantiene como centro, y aquí eso es justamente lo que se pone en duda.
Si lo que buscas es abrir la pareja sin mover ese centro, estás pensando en otro modelo.
No es una infidelidad ordenada
La diferencia es el consentimiento, y es una diferencia grande: en las no-monogamias consensuadas todas las personas involucradas saben y acuerdan.
Rubel y Bogaert lo definen así: acuerdo explícito de todas las partes.
Lo que define el engaño no es cuántos vínculos hay, sino si se faltó a lo pactado.
Qué exige en la práctica
Esta es la parte que casi nadie te cuenta en la sobremesa.
Ninguna de las tres cosas que siguen es imposible, pero las tres te van a dar trabajo.
Hablar de lo que nadie da por supuesto
En la monogamia muchas cosas se asumen y nadie te las explica.
Aquí te toca nombrarlas: qué se cuenta, cada cuánto se ven, qué pasa si alguien se enamora.
Lo que no se conversa se convierte en un supuesto, y los supuestos explotan.
Tolerar que un vínculo cambie de forma
Una relación puede pasar de sexual a amistosa sin que eso sea una pérdida.
Suena bien escrito, pero en la práctica sostenerlo te cuesta bastante.
Sostener los celos sin un guion
Los celos te van a aparecer igual, aquí no hay excepción.
Lo que no hay es una regla lista que te diga qué hacer con ellos.
Si ese es tu punto flojo, empieza por celos y por desconfianza en el amor.
Qué dice la investigación
Poco, comparado con lo que se opina, pero algo hay.
Haupert y su equipo preguntaron a dos muestras de adultos solteros en Estados Unidos.
Más de una de cada cinco personas dijo haber tenido alguna vez una relación no monógama consensuada.
Fue el 21,9% en una muestra y el 21,2% en la otra. No es un fenómeno marginal.
Te conviene tomar ese número con cuidado: son personas solteras y responden sobre toda su vida.
Conley y su equipo midieron cómo se juzga a estas relaciones.
Las monógamas salieron mejor valoradas en todas las dimensiones, incluso en aspectos que no tenían nada que ver con la pareja.
Ese prejuicio también entra en la consulta: te pesa a ti y a veces a quien te atiende.
Cuándo esto llega a consulta
En la práctica aparece de tres formas bastante distintas.
Cuando uno lo propone y el otro no quiere
Es el que más nos llega, y quizá sea justo tu caso, pero aquí el trabajo no es convencer a nadie de nada.
Un acuerdo aceptado por miedo a perder al otro no se sostiene.
Lo que se hace es ordenar qué necesita cada uno y ver si hay un punto en común real.
A veces lo hay. A veces la respuesta honesta es que no.
Cuando el modelo ya se vivía sin nombrarlo
Alguien llega con varios vínculos importantes y ninguna etiqueta, y consulta porque siente culpa, o porque uno de esos vínculos esperaba otra cosa.
Ponerle nombre a lo que ya te pasa suele ordenar bastante.
Cuando abajo hay evitación
Este es el caso más delicado y conviene decirlo con cuidado: a veces el modelo se elige para no acercarse demasiado a nadie.
No siempre es así, ni de lejos. Pero cuando lo es, el problema no era el modelo.
Vale la pena que te lo preguntes con honestidad, porque nadie lo va a hacer por ti.
Preguntas para hacerte antes de decidir
Ninguna tiene respuesta correcta: te sirven para pensar, no para aprobar un examen.
Si alguna te incomoda al leerla, esa es probablemente la que más te sirve.
¿Esto lo quieres tú, o lo estás aceptando para no perder a alguien?
¿Qué necesitas saber para estar tranquilo, y estás pidiéndolo en voz alta?
¿Qué pasa si dentro de seis meses cambias de opinión?
Si no puedes hablar de esto sin miedo a la reacción del otro, ese es el tema.
Por dónde empezar
No hace falta que decidas nada esta semana: empieza por escribir, tú solo, qué necesitas de un vínculo para estar bien.
Sin pensar en etiquetas ni en qué modelo lleva ese nombre.
Después mira si lo que tienes hoy se parece a lo que escribiste.
Nadie más tiene que ver esa lista, y por eso vale la pena que sea sincera.
Lo que sostiene un vínculo es bastante parecido en todos los modelos, y lo resumimos en relación sana.
Si el tema te tiene trabado con la otra persona, la terapia de pareja sirve para ordenarlo sin que se convierta en una pelea.
¿Qué es lo que todavía no te animaste a preguntarle a la otra persona?