Consecuencias psicológicas de la infidelidad: qué te pasa

Consecuencias psicológicas de la infidelidad: qué le pasa a tu sueño, tu memoria y tu autoestima, qué le pasa a quien fue infiel y cuándo consultar.

Consecuencias psicológicas de la infidelidad: qué te pasa
Daño psicológico después de una infidelidad: qué le pasa a tu mente y a tu cuerpo
Daño psicológico después de una infidelidad: qué le pasa a tu mente y a tu cuerpo

Hace semanas que no duermes de corrido.

Se te va el hambre a media comida y después picoteas cualquier cosa a las once de la noche.

Lees la misma línea cuatro veces y no te queda nada.

En el trabajo ya alguien te preguntó si te pasa algo.

Nada de eso es tu carácter fallando: es tu cuerpo respondiendo a un golpe fuerte.

Aquí tienes qué le hace una infidelidad a la cabeza y al cuerpo, y a los tres lados: quien fue traicionado, quien fue infiel y los hijos que miran.

Es el mapa que más nos piden en consulta y el que casi nadie te da entero.

Lo primero que se rompe es el sueño

Casi nadie llega a consulta diciendo que viene por el sueño, y es lo primero que preguntamos.

Te despiertas a las tres o a las cuatro con el cuerpo encendido.

Después de un golpe así, el cuerpo se queda en alerta justo de noche, que es cuando debería apagarse.

Sin dormir, todo lo del día siguiente pesa el doble.

¿Cuántas noches seguidas llevas así?

El hambre se va o se descontrola

Hay quien deja de comer sin darse cuenta, y hay quien come de golpe y sin ganas.

Las dos cosas son la misma alarma haciendo ruido, así que come algo chico cada tantas horas aunque no tengas hambre, porque tu cabeza necesita con qué funcionar.

Se te olvidan cosas y no puedes concentrarte

Pierdes las llaves, te pasas de largo la salida, lees un correo del trabajo y diez minutos después no sabes qué decía.

No estás perdiendo la cabeza: tu atención está ocupada casi todo el día en lo mismo.

Si las escenas vuelven solas, te ordena pensamientos intrusivos.

Estás en guardia todo el tiempo

La hipervigilancia, o sea estar en alerta esperando la próxima mala noticia, es de lo más agotador que hay.

Revisas el teléfono, los horarios, las redes de la otra persona, pero eso no te trae calma: te trae otra cosa para revisar.

Lo desarrollamos en comportamientos compulsivos.

Cuando esto pesa más que un mal momento

Aquí hace falta ser preciso contigo, sin asustarte de más.

Un estudio siguió a 73 jóvenes que pasaron por la infidelidad de su pareja (Roos y cols., 2019).

El 45,2% mostró síntomas compatibles con estrés postraumático.

Es una muestra chica y joven, así que tómalo como una señal y no como una ley.

Cómo se ven esos síntomas por dentro lo tienes en trauma por infidelidad.

La tristeza que no se levanta sola

Otro estudio comparó a 25 mujeres que pasaron por una infidelidad o una amenaza de separación con otras 25 que no (Cano y O’Leary, 2000).

Las del primer grupo tuvieron seis veces más probabilidad de recibir un diagnóstico de depresión mayor.

La muestra es pequeña y solo de mujeres, pero aun así dice algo que conviene no ignorar.

Solo un profesional puede evaluar si lo tuyo es eso, y lo desarrollamos en depresión por infidelidad.

Y si aparecen pensamientos de hacerte daño, no esperes: tienes los contactos de emergencia de tu país.

Lo que se te cae por dentro

La desconfianza no se queda en tu pareja

Esto sorprende a casi todo el mundo y es de lo más común: empiezas a dudar de tu jefe, de tu amiga, del mecánico.

Cuando la persona que mejor conocías te mintió, tu cabeza deja de creer en su propio criterio.

No perdiste la confianza en tu pareja: perdiste la confianza en lo que ves.

Está desarrollado en desconfianza en el amor, y por qué duele tanto, en este artículo.

La autoestima se va al piso

Te comparas con la otra persona por partes: el cuerpo, la edad, el trabajo, la risa.

Es una cuenta que siempre te da mal, porque la haces con lo poco que sabes, y tienes el camino de vuelta en autoestima después de una infidelidad.

Ya no sabes quién eras en esa relación

Mucha gente repite la misma frase en consulta: no me reconozco.

Revisar un teléfono a las tres de la mañana no era algo que tú hacías.

Eso lo trabajamos en pérdida de identidad.

El sexo queda en medio de todo

Puede irse el deseo por completo. También puede aparecer con una fuerza que te confunde.

Las dos reacciones son comunes y ninguna dice nada malo de ti.

Lo desarrollamos en sexo después de una infidelidad.

El trabajo y la gente de alrededor

Rindes menos y encima te culpas por eso

Faltas, llegas tarde, entregas a medias y después te lo cobras, así que baja lo que puedas de tu carga estas semanas y no lo llames debilidad.

Hay además decisiones de dinero que se toman en el peor momento: mudanzas, renuncias, gastos grandes, y nada que sea difícil de deshacer se decide esta semana.

¿Cuánto de tu día se te está yendo en esto?

Las amistades se te achican

Contarlo cansa y no contarlo aísla: mucha gente termina eligiendo el silencio.

Elige a dos personas que sepan escuchar sin empujarte a decidir nada.

Con eso alcanza, y evitas que media familia opine sobre tu vida.

Lo que le pasa a quien fue infiel

El dolor que casi nadie mira

Este tramo lo lee mucha gente que fue infiel, y va sin castigo.

Cuando sale a la luz aparecen culpa, vergüenza y muchas veces el mismo insomnio.

Que tú también estés mal no le quita nada al dolor de la otra persona: pasan las dos cosas a la vez.

Están desarrolladas en culpa y en vergüenza.

El error que más caro se paga

Callar y esperar a que baje solo, evadir el tema, pedir que se olvide, contar la mitad hoy y la otra mitad el mes que viene.

Cada dato nuevo que aparece después le reinicia el reloj a la otra persona.

Sostener la transparencia hace más que cualquier promesa.

¿Queda algo que todavía no dijiste?

Los hijos miran aunque no les cuentes nada

Notan el clima antes que las palabras: el portazo, el silencio en la mesa.

Un trabajo clásico sobre conflicto de pareja apunta a que lo que más pesa en los hijos es el conflicto abierto entre los adultos (Davies y Cummings, 1994).

No son confidentes ni mensajeros, tengan la edad que tengan.

Qué decirles lo tienes en infidelidad cuando hay hijos.

Y si ya se enteraron, mira cuando los hijos descubren la infidelidad.

Qué cambia con el tiempo y qué no

Nadie serio te va a dar una fecha, y desconfía de quien te la dé.

Lo que sí se ve es que el tramo más agudo no es el estado permanente.

Un modelo clásico de recuperación describe una primera etapa dedicada al impacto, antes de entender o de decidir (Gordon, Baucom y Snyder, 2004).

Primero vuelve el cuerpo, y después piensa la cabeza.

Cómo se nota que estás avanzando

  • Duermes de un tirón alguna noche.
  • Pasas dos horas sin pensar en eso.
  • La angustia sube igual, pero baja antes.
  • Puedes hablar del tema sin que termine en grito.

Si nada de eso aparece, no lo estás haciendo mal: es información para llevar a consulta.

Qué le toca a cada parte ahora mismo

Si te fueron infielSi fuiste infiel
Dormir y comer antes que decidirCortar el contacto con la tercera persona
Elegir a poca gente para hablarloContar todo de una vez, no por goteo
Dejar de comparar en las redesSostener el tema aunque duela
Pedir ayuda sin esperar a estar enteroNo pedir perdón para cerrar el tema

¿Cuál de esas cuatro te falta hoy?

Cómo te podemos ayudar

En Psicología On The Go trabajamos solo con infidelidad y crisis de pareja, online, en México, Estados Unidos y el resto de LATAM.

No te vamos a pedir que decidas nada: primero el sueño, la alarma del cuerpo y las conversaciones.

Un consejo que no estaba arriba: anota cada noche una sola cosa: a qué hora te acostaste.

En dos semanas tienes el dato más útil de todos, y no depende de tu memoria.

Si quieres que te ubiquemos, puedes pedir una primera consulta o empezar por el test de infidelidad.

¿Qué quieres recuperar primero: el sueño, el hambre o la cabeza?

Fuentes consultadas

  • Roos, L. G., O’Connor, V., Canevello, A., & Bennett, J. M. (2019). Post-traumatic stress and psychological health following infidelity in unmarried young adults. Stress and Health, 35(4), 468–479. doi.org/10.1002/smi.2880
  • Cano, A., & O’Leary, K. D. (2000). Infidelity and separations precipitate major depressive episodes and symptoms of nonspecific depression and anxiety. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 68(5), 774–781. doi.org/10.1037/0022-006X.68.5.774
  • Gordon, K. C., Baucom, D. H., & Snyder, D. K. (2004). An integrative intervention for promoting recovery from extramarital affairs. Journal of Marital and Family Therapy, 30(2), 213–231. doi.org/10.1111/j.1752-0606.2004.tb01235.x
  • Davies, P. T., y Cummings, E. M. (1994). Marital conflict and child adjustment: an emotional security hypothesis. Psychological Bulletin, 116(3), 387–411. doi.org/10.1037/0033-2909.116.3.387

Preguntas frecuentes

¿Qué le hace una infidelidad a la cabeza y al cuerpo?

Lo primero que se rompe suele ser el sueño. Después viene el hambre, que se va o se descontrola, y una cabeza que no retiene nada. A eso se suman las imágenes que vuelven solas, la alerta permanente y la caída de la autoestima. No todas las personas tienen todo, pero casi nadie se salva del sueño y de la concentración.

¿Esto que siento puede ser depresión?

Puede, y solo un profesional puede evaluarlo. Hay un estudio pequeño que comparó a 25 mujeres que pasaron por una infidelidad o una amenaza de separación con otras 25 que no, y encontró seis veces más probabilidad de un diagnóstico de depresión mayor. Si llevas semanas sin poder sostener tu día, eso se consulta y no se espera.

¿Por qué desconfío ahora de gente que no tiene nada que ver?

Porque lo que se rompió no fue solo la confianza en tu pareja. Se rompió la confianza en tu propio criterio para leer a la gente. Si la persona que mejor conocías te sostuvo una mentira, tu cabeza concluye que tampoco puede fiarse del resto. Es de lo más común y suele aflojar cuando el cuerpo baja la alarma.

¿Quien fue infiel también la pasa mal?

Sí, y casi nunca lo dice en voz alta. Después de que sale a la luz aparecen culpa, vergüenza, insomnio y ganas de desaparecer del tema. Que esa persona esté mal no le quita nada al dolor de la otra: pasan las dos cosas a la vez. Callar para que baje solo es justo lo que más alarga el problema.

¿Cuánto tarda en pasarse esto?

Nadie serio te va a dar una fecha, y desconfía de quien te la dé. Depende de qué pasó, de si sigue habiendo contacto con la tercera persona, de con qué apoyo cuentas y de si estás durmiendo. Lo que sí se ve es que el tramo más agudo, el que no te deja comer ni pensar, no es el estado permanente.

¿Les afecta a los hijos aunque no les contemos nada?

Notan el clima mucho antes que las palabras: el portazo, el silencio en la mesa, la cara de los adultos. Un trabajo clásico sobre conflicto de pareja apunta a que lo que más pesa en los hijos es el conflicto abierto entre los adultos. No hace falta contarles los detalles, y tampoco sirve fingir que no pasa nada.

Lo que estás sintiendo es la reacción normal a un trauma. Y se trabaja.

Ver en qué etapa de tu proceso estás