Hace semanas que no duermes de corrido.
Se te va el hambre a media comida y después picoteas cualquier cosa a las once de la noche.
Lees la misma línea cuatro veces y no te queda nada.
En el trabajo ya alguien te preguntó si te pasa algo.
Nada de eso es tu carácter fallando: es tu cuerpo respondiendo a un golpe fuerte.
Aquí tienes qué le hace una infidelidad a la cabeza y al cuerpo, y a los tres lados: quien fue traicionado, quien fue infiel y los hijos que miran.
Es el mapa que más nos piden en consulta y el que casi nadie te da entero.
Lo primero que se rompe es el sueño
Casi nadie llega a consulta diciendo que viene por el sueño, y es lo primero que preguntamos.
Te despiertas a las tres o a las cuatro con el cuerpo encendido.
Después de un golpe así, el cuerpo se queda en alerta justo de noche, que es cuando debería apagarse.
Sin dormir, todo lo del día siguiente pesa el doble.
¿Cuántas noches seguidas llevas así?
El hambre se va o se descontrola
Hay quien deja de comer sin darse cuenta, y hay quien come de golpe y sin ganas.
Las dos cosas son la misma alarma haciendo ruido, así que come algo chico cada tantas horas aunque no tengas hambre, porque tu cabeza necesita con qué funcionar.
Se te olvidan cosas y no puedes concentrarte
Pierdes las llaves, te pasas de largo la salida, lees un correo del trabajo y diez minutos después no sabes qué decía.
No estás perdiendo la cabeza: tu atención está ocupada casi todo el día en lo mismo.
Si las escenas vuelven solas, te ordena pensamientos intrusivos.
Estás en guardia todo el tiempo
La hipervigilancia, o sea estar en alerta esperando la próxima mala noticia, es de lo más agotador que hay.
Revisas el teléfono, los horarios, las redes de la otra persona, pero eso no te trae calma: te trae otra cosa para revisar.
Lo desarrollamos en comportamientos compulsivos.
Cuando esto pesa más que un mal momento
Aquí hace falta ser preciso contigo, sin asustarte de más.
Un estudio siguió a 73 jóvenes que pasaron por la infidelidad de su pareja (Roos y cols., 2019).
El 45,2% mostró síntomas compatibles con estrés postraumático.
Es una muestra chica y joven, así que tómalo como una señal y no como una ley.
Cómo se ven esos síntomas por dentro lo tienes en trauma por infidelidad.
La tristeza que no se levanta sola
Otro estudio comparó a 25 mujeres que pasaron por una infidelidad o una amenaza de separación con otras 25 que no (Cano y O’Leary, 2000).
Las del primer grupo tuvieron seis veces más probabilidad de recibir un diagnóstico de depresión mayor.
La muestra es pequeña y solo de mujeres, pero aun así dice algo que conviene no ignorar.
Solo un profesional puede evaluar si lo tuyo es eso, y lo desarrollamos en depresión por infidelidad.
Y si aparecen pensamientos de hacerte daño, no esperes: tienes los contactos de emergencia de tu país.
Lo que se te cae por dentro
La desconfianza no se queda en tu pareja
Esto sorprende a casi todo el mundo y es de lo más común: empiezas a dudar de tu jefe, de tu amiga, del mecánico.
Cuando la persona que mejor conocías te mintió, tu cabeza deja de creer en su propio criterio.
No perdiste la confianza en tu pareja: perdiste la confianza en lo que ves.
Está desarrollado en desconfianza en el amor, y por qué duele tanto, en este artículo.
La autoestima se va al piso
Te comparas con la otra persona por partes: el cuerpo, la edad, el trabajo, la risa.
Es una cuenta que siempre te da mal, porque la haces con lo poco que sabes, y tienes el camino de vuelta en autoestima después de una infidelidad.
Ya no sabes quién eras en esa relación
Mucha gente repite la misma frase en consulta: no me reconozco.
Revisar un teléfono a las tres de la mañana no era algo que tú hacías.
Eso lo trabajamos en pérdida de identidad.
El sexo queda en medio de todo
Puede irse el deseo por completo. También puede aparecer con una fuerza que te confunde.
Las dos reacciones son comunes y ninguna dice nada malo de ti.
Lo desarrollamos en sexo después de una infidelidad.
El trabajo y la gente de alrededor
Rindes menos y encima te culpas por eso
Faltas, llegas tarde, entregas a medias y después te lo cobras, así que baja lo que puedas de tu carga estas semanas y no lo llames debilidad.
Hay además decisiones de dinero que se toman en el peor momento: mudanzas, renuncias, gastos grandes, y nada que sea difícil de deshacer se decide esta semana.
¿Cuánto de tu día se te está yendo en esto?
Las amistades se te achican
Contarlo cansa y no contarlo aísla: mucha gente termina eligiendo el silencio.
Elige a dos personas que sepan escuchar sin empujarte a decidir nada.
Con eso alcanza, y evitas que media familia opine sobre tu vida.
Lo que le pasa a quien fue infiel
El dolor que casi nadie mira
Este tramo lo lee mucha gente que fue infiel, y va sin castigo.
Cuando sale a la luz aparecen culpa, vergüenza y muchas veces el mismo insomnio.
Que tú también estés mal no le quita nada al dolor de la otra persona: pasan las dos cosas a la vez.
Están desarrolladas en culpa y en vergüenza.
El error que más caro se paga
Callar y esperar a que baje solo, evadir el tema, pedir que se olvide, contar la mitad hoy y la otra mitad el mes que viene.
Cada dato nuevo que aparece después le reinicia el reloj a la otra persona.
Sostener la transparencia hace más que cualquier promesa.
¿Queda algo que todavía no dijiste?
Los hijos miran aunque no les cuentes nada
Notan el clima antes que las palabras: el portazo, el silencio en la mesa.
Un trabajo clásico sobre conflicto de pareja apunta a que lo que más pesa en los hijos es el conflicto abierto entre los adultos (Davies y Cummings, 1994).
No son confidentes ni mensajeros, tengan la edad que tengan.
Qué decirles lo tienes en infidelidad cuando hay hijos.
Y si ya se enteraron, mira cuando los hijos descubren la infidelidad.
Qué cambia con el tiempo y qué no
Nadie serio te va a dar una fecha, y desconfía de quien te la dé.
Lo que sí se ve es que el tramo más agudo no es el estado permanente.
Un modelo clásico de recuperación describe una primera etapa dedicada al impacto, antes de entender o de decidir (Gordon, Baucom y Snyder, 2004).
Primero vuelve el cuerpo, y después piensa la cabeza.
Cómo se nota que estás avanzando
- Duermes de un tirón alguna noche.
- Pasas dos horas sin pensar en eso.
- La angustia sube igual, pero baja antes.
- Puedes hablar del tema sin que termine en grito.
Si nada de eso aparece, no lo estás haciendo mal: es información para llevar a consulta.
Qué le toca a cada parte ahora mismo
| Si te fueron infiel | Si fuiste infiel |
|---|---|
| Dormir y comer antes que decidir | Cortar el contacto con la tercera persona |
| Elegir a poca gente para hablarlo | Contar todo de una vez, no por goteo |
| Dejar de comparar en las redes | Sostener el tema aunque duela |
| Pedir ayuda sin esperar a estar entero | No pedir perdón para cerrar el tema |
¿Cuál de esas cuatro te falta hoy?
Cómo te podemos ayudar
En Psicología On The Go trabajamos solo con infidelidad y crisis de pareja, online, en México, Estados Unidos y el resto de LATAM.
No te vamos a pedir que decidas nada: primero el sueño, la alarma del cuerpo y las conversaciones.
Un consejo que no estaba arriba: anota cada noche una sola cosa: a qué hora te acostaste.
En dos semanas tienes el dato más útil de todos, y no depende de tu memoria.
Si quieres que te ubiquemos, puedes pedir una primera consulta o empezar por el test de infidelidad.
¿Qué quieres recuperar primero: el sueño, el hambre o la cabeza?
Fuentes consultadas
- Roos, L. G., O’Connor, V., Canevello, A., & Bennett, J. M. (2019). Post-traumatic stress and psychological health following infidelity in unmarried young adults. Stress and Health, 35(4), 468–479. doi.org/10.1002/smi.2880
- Cano, A., & O’Leary, K. D. (2000). Infidelity and separations precipitate major depressive episodes and symptoms of nonspecific depression and anxiety. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 68(5), 774–781. doi.org/10.1037/0022-006X.68.5.774
- Gordon, K. C., Baucom, D. H., & Snyder, D. K. (2004). An integrative intervention for promoting recovery from extramarital affairs. Journal of Marital and Family Therapy, 30(2), 213–231. doi.org/10.1111/j.1752-0606.2004.tb01235.x
- Davies, P. T., y Cummings, E. M. (1994). Marital conflict and child adjustment: an emotional security hypothesis. Psychological Bulletin, 116(3), 387–411. doi.org/10.1037/0033-2909.116.3.387