Cómo hablar con tu pareja después de una infidelidad

Cómo hablar con tu pareja después de una infidelidad: cuándo tener esa charla, cómo abrirla, cómo pedir una pausa y qué temas no son de hoy.

Cómo hablar con tu pareja después de una infidelidad

Empezaron a hablar a las once de la noche y terminaron gritando.

Otra vez.

No pasa porque no se quieran, sino porque nadie eligió la hora ni el tema, y porque cuando el cuerpo se dispara, los dos dejan de escuchar sin darse cuenta.

Te da miedo volver a abrir el tema porque ya sabes cómo termina, pero esa conversación tiene una forma, y esa forma se puede armar.

Aquí tienes cómo se acuerda el rato, cómo se abre, cómo se pide una pausa y qué temas no son para hoy.

Es lo que más practicamos en consulta con parejas después de una infidelidad.

El problema no es qué dices, es cuándo lo dices

La conversación de las once de la noche

Las peores charlas de una pareja pasan casi siempre de noche: están cansados, con la guardia baja, y el tema aparece solo.

A esa hora nadie escucha: se contesta, que es otra cosa.

¿Cuántas de tus últimas peleas empezaron después de las diez?

El rato acordado, con hora de inicio y de final

Te sirve más acordar un rato fijo, dos o tres veces por semana, con hora de inicio y, sobre todo, con hora de final.

Cuarenta minutos alcanzan. Una charla de tres horas no repara nada: agota.

Saber que hay un final hace que los dos se animen a entrar.

Fuera de ese rato, el tema no se abre

Suena rígido, pero es lo que más te baja el desgaste de la semana.

Si algo te aparece un martes a las nueve, lo anotas y esperas al rato acordado.

Cómo es el trato en el resto del día lo desarrollamos en cómo tratar a tu pareja después de una infidelidad.

Si te enteraste hace horas, hoy no es el día

Cuando el golpe es de ayer, ninguna conversación te va a salir bien.

Lo tuyo ahora son las primeras horas y después las primeras semanas.

Y si aparecen pensamientos de hacerte daño, no esperes: tienes los contactos de emergencia de tu país.

Los primeros minutos mandan

Cómo abres es cómo termina

Un equipo grabó a parejas recién casadas mientras discutían (Carrère y Gottman, 1999).

Con los primeros tres minutos de esa charla acertaron bastante bien qué parejas seguían juntas años después.

Era un grupo chico y de recién casados, así que tómalo como una pista, pero la pista te sirve: el arranque pesa más que todo lo que venga después.

Habla de lo que te pasa, no de lo que tu pareja es

“Estoy con miedo todo el día” abre y “eres un mentiroso” cierra: lo primero se puede responder y lo segundo solo se puede defender.

Empieza la frase por ti: es el cambio más chico y el que más te rinde.

Un solo tema por conversación

Si entras con cinco temas, te salen cinco peleas: elige uno y déjalo ahí, que lo demás tiene su turno.

¿Cuál es el único tema que necesitas hablar esta semana?

Cuando el cuerpo se te dispara

Qué es la inundación fisiológica

Dos investigadores midieron el pulso de parejas mientras discutían (Gottman y Levenson, 1992).

Cuando el corazón se acelera de más aparece la inundación fisiológica: tu cuerpo entra en alarma y deja de escuchar.

Ahí ya no hay conversación: hay dos personas defendiéndose.

Y lo que dices en ese estado casi nunca es lo que querías decir.

Cómo pedir la pausa sin que parezca huida

La pausa se avisa y se le pone hora de vuelta: “Necesito veinte minutos y seguimos” no es lo mismo que irte dando un portazo.

La pausa sin hora de regreso tu pareja la vive como abandono.

Una pausa con hora de vuelta no es dejar solo al otro. Es lo que evita decir lo que ya no se deshace.

Qué haces en esos veinte minutos

  • Sales del cuarto y sueltas el teléfono.
  • Caminas, respiras, tomas agua.
  • No sigues la pelea dentro de tu cabeza.

Lo último es la parte difícil, y la que decide si vuelves peor o mejor.

Cuando el enojo te aparece seguido, te ordena controlar la ira en la pareja.

Qué se dice y qué no

Las cuatro formas de hablar que más daño hacen

Gottman las llamó los Cuatro Jinetes: criticar a la persona, el desprecio, defenderse siempre y cerrarse.

El desprecio es el peor: burlarte, poner los ojos en blanco, hablarle desde arriba.

Cómo se ven en una pareja real lo tienes en los jinetes del apocalipsis.

Cambia la frase, no el tema

En vez de decirDi
Siempre fuiste asíEsto me dejó sin piso
Eres un mentirosoYa no sé qué creer y eso me asusta
Nunca te importéNecesito saber qué pensabas al volver a casa
Tú también hiciste cosasHoy quiero hablar de una sola cosa
No es para tantoEntiendo que para ti sea así de grave

Los detalles del encuentro no van acá

Querer saberlo todo es lo más común del mundo, pero los detalles concretos, sobre todo los sexuales, se te convierten en imágenes que vuelven solas.

Qué preguntar y qué dejar afuera lo tienes en qué preguntas hacer después de una infidelidad.

Escuchar no es darle la razón

Puedes entender lo que tu pareja sintió y seguir sin estar de acuerdo.

Repetir con tus palabras lo que te acaba de decir baja la temperatura más rápido que cualquier argumento.

Cómo se hace eso está en validar las emociones de tu pareja.

Cuando el otro se cierra

El silencio no siempre es desprecio

A veces el que se calla está desbordado y no le salen las palabras: se parece mucho al desinterés y casi nunca lo es.

¿Qué pasa en tu casa cuando uno de los dos se calla?

Qué le pides cuando se cierra

No le pidas que hable ya, pídele una hora: “Si ahora no puedes, dime cuándo” te deja la puerta abierta sin empujar.

Lo que rompe una pareja no es la pausa, sino la pausa sin fecha.

Cuando el silencio ya es el modo de siempre

Si el tema no se abre nunca, hablar más fuerte no lo va a arreglar.

Ahí conviene una tercera persona en la sala, y tienes más sobre esto en infidelidad y comunicación en la pareja.

Qué conversaciones son para hoy y cuáles no

Las tres que sí piden respuesta ya

  • Si sigue habiendo contacto con la tercera persona.
  • Dónde duerme cada uno estos días.
  • Qué les dicen a los hijos, si es que hay que decirles algo.

El contacto es el único punto que no te admite esperar, y cómo se corta está en culpa tras la infidelidad.

Qué decirles a tus hijos, y qué callarles, lo tienes en infidelidad con hijos.

Las que no son de esta semana

El “por qué pasó” es la pregunta más importante y la peor para hacerla esta semana.

Ninguno de los dos tiene todavía una respuesta que sirva.

Un modelo clásico ubica esa pregunta en una etapa posterior, no encima del golpe (Gordon, Baucom y Snyder, 2004).

Cómo se ordena todo eso lo tienes en etapas de la pareja después de una infidelidad.

Si te presionan a hablar antes de tiempo

”Necesito un tiempo antes de hablar de esto”

Esa frase entera es una respuesta, no una huida.

Tienes derecho a decirla, y te conviene decirla con fecha.

“Hoy no puedo, el viernes sí” te cuida a ti y no lo deja a tu pareja en el aire.

Cuando quien apura eres tú

A veces quien empuja para hablar eres tú, y no es capricho: te tiembla el piso y necesitas que alguien te diga algo hoy.

Aun así, una charla arrancada a la fuerza te va a dejar peor que esperar dos días.

¿Puedes aguantar hasta mañana, a una hora que elijan los dos?

Cómo se cierra un rato de conversación

Corta a horario aunque quede a la mitad

Cuando llega la hora, se corta, aunque falte lo importante.

Cortar a horario es lo que hace que el próximo rato exista.

Tres frases con las que puedes terminar

  • “Gracias por quedarte en esto.”
  • “Seguimos el jueves a las nueve.”
  • “Hoy llego hasta acá.”

Ninguna resuelve nada, pero las tres te dejan la puerta abierta, que hoy es todo el objetivo.

Qué haces después de cerrar

No sigas el tema por mensajes esa noche.

Lo que se habló necesita horas para acomodarse, y el chat te lo vuelve a abrir.

Cómo te podemos ayudar

En Psicología On The Go trabajamos solo con infidelidad y crisis de pareja, online, en México, Estados Unidos y el resto de LATAM.

En terapia de pareja no te pedimos que decidas nada: se ordenan el rato, la pausa y el tema de cada semana.

Si nunca fueron, te ubica cómo hablar en una terapia de pareja.

Un consejo que no estaba arriba. Antes de cada rato acordado, escribe en una hoja las tres frases que no quieres decir.

Tenerlas escritas te las saca de la boca mucho mejor que prometerte no decirlas.

Y si cada charla termina en pelea, una carta puede ser un buen primer paso. Tienes modelos en carta a mi esposo infiel para que reflexione.

Si quieres que los acompañemos, puedes pedir una primera consulta cuando lo necesiten.

¿Qué hora de esta semana eligen para la primera conversación?

Fuentes consultadas

  • Carrère, S., & Gottman, J. M. (1999). Predicting divorce among newlyweds from the first three minutes of a marital conflict discussion. Family Process, 38(3), 293–301. doi.org/10.1111/j.1545-5300.1999.00293.x
  • Gottman, J. M., & Levenson, R. W. (1992). Marital processes predictive of later dissolution: Behavior, physiology, and health. Journal of Personality and Social Psychology, 63(2), 221–233. doi.org/10.1037/0022-3514.63.2.221
  • Gordon, K. C., Baucom, D. H., & Snyder, D. K. (2004). An integrative intervention for promoting recovery from extramarital affairs. Journal of Marital and Family Therapy, 30(2), 213–231. doi.org/10.1111/j.1752-0606.2004.tb01235.x
  • Atkins, D. C., Eldridge, K. A., Baucom, D. H., & Christensen, A. (2005). Infidelity and behavioral couple therapy: Optimism in the face of betrayal. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 73(1), 144–150. doi.org/10.1037/0022-006X.73.1.144

Preguntas frecuentes

¿Cuándo conviene hablar de la infidelidad?

En un rato acordado, no cuando el tema aparece solo. Nos sirve más que elijan dos o tres momentos fijos en la semana, con hora de inicio y de final, y que fuera de esos ratos el tema quede cerrado. Suena rígido y es lo que más baja el desgaste. La conversación de las once de la noche, cansados y sin haber elegido nada, casi siempre termina mal.

¿Cuánto tiene que durar esa conversación?

Menos de lo que crees. Cuarenta minutos alcanzan y ponerle hora de final no es frialdad. Una charla de tres horas no repara nada: los dos terminan agotados y diciendo cosas que después cuesta deshacer. Saber que hay un final hace que los dos se animen a entrar. Y cortar a horario, aunque quede algo a la mitad, es lo que hace que exista la próxima.

¿Qué hago si en medio de la charla me desborda el cuerpo?

Pides una pausa y le pones hora de vuelta. Cuando el corazón se acelera de más, tu cabeza deja de escuchar y solo se defiende. Veinte minutos fuera del cuarto y lejos del teléfono suelen alcanzar. Lo importante es avisar cuándo vuelves: una pausa sin hora de regreso tu pareja la vive como abandono, y ahí la pelea se hace más grande.

¿Y si mi pareja se cierra y no habla?

El que se calla muchas veces no está despreciándote: está desbordado y no le salen las palabras. Se parece al desinterés y casi nunca lo es. No pidas que hable ya, pide una hora. Decir «si ahora no puedes, dime cuándo» deja la puerta abierta sin empujar. Si el tema no se abre nunca, eso ya no se arregla hablando más fuerte.

¿Puedo preguntar todos los detalles de lo que pasó?

Puedes, y es lo más común del mundo querer saberlo todo. El problema aparece después: los detalles concretos, sobre todo los sexuales, se convierten en imágenes que vuelven solas cuando no las llamas. Sirve más preguntar por el contexto, por las mentiras que te sostuvo y por lo que va a pasar ahora. Hay un artículo dedicado a qué preguntar y qué no.

¿Se puede hablar de esto sin terapeuta?

Muchas parejas lo hacen y a algunas les alcanza. Lo que vemos es que cuesta más cuando la charla siempre termina igual, con uno gritando y el otro en silencio. Ahí una tercera persona en la sala cambia el resultado, no porque diga quién tiene razón, sino porque frena la escalada a tiempo y hace que los dos alcancen a decir lo suyo.

¿Quieren reconstruir pero cada conversación termina peor? No es falta de amor: es falta de método.

Conocer la terapia de pareja especializada