Ya sabes que esa persona te hace mal.
Te lo dijeron tus amigos, te lo dijo tu cuerpo y te lo dijiste tú.
Y aun así, ahí sigues. Vuelves a darle una oportunidad y vuelves a quedarte.
No es falta de carácter ni falta de información. Es otra cosa, y tiene poco que ver contigo.
Lo que te retiene tiene una explicación bastante clara, y entenderla cambia bastante cómo lo encaras.
Aquí vas a ver qué sostiene el vínculo por dentro, qué ayuda de verdad a soltar y qué solo te hace dar vueltas.
Es lo que vemos cada semana en consulta, en gente que ya intentó irse más de una vez.
Por qué no puedes soltar aunque lo sepas
Saber que algo te hace mal no alcanza para dejarlo.
Entre saberlo y poder hacerlo hay tres cosas metidas en el medio.
Uno: todo lo que ya pusiste ahí
Lo que te ata no es solo lo que sientes hoy.
Son los años, la casa, los amigos en común, la familia que ya te dice hijo.
Cuanto más pusiste, más caro se vuelve irte, y menos alternativas ves afuera (Rusbult y cols., 1998).
Y ahí aparece la trampa: sigues porque ya invertiste, no porque esto te sirva.
Es el mismo error que te hace terminar una película mala porque ya pagaste la entrada (Arkes y Blumer, 1985).
Lo que pusiste ya no vuelve: se fue igual, te quedes o te vayas.
Dos: te acostumbraste al malestar
Cuando algo duele todos los días, deja de parecerte raro.
Tu tolerancia sube sin que lo notes y el trato feo pasa a ser el clima normal de tu casa.
Por eso muchas veces necesitas que alguien de afuera te diga que eso no es normal.
Si al leer esto piensas que exageras, esa duda también es parte del cuadro.
Tres: tu cuerpo lo vive como una falta
Dejar a alguien que amas no se parece a una decisión: se parece a una abstinencia.
En un estudio pequeño con imágenes cerebrales, de quince personas recién rechazadas, se activaron las mismas zonas ligadas a la recompensa y al deseo intenso (Fisher y cols., 2010).
Por eso el impulso de escribirle a las dos de la mañana es tan fuerte, y por eso no significa que te estés equivocando.
Lo que te está costando quedarte
Quedarte también tiene precio, solo que se paga de a poco.
- Te miras peor de lo que te mirabas antes
- Estás irritable con gente que no tiene nada que ver
- Dejaste de hacer cosas que te gustaban
- Te cansas sin haber hecho nada
- Cada vez cuentas menos de tu vida real
Tu energía entera se está yendo en sostener algo que ya no te devuelve nada.
¿Cuál de esos puntos te resultó incómodo de leer?
Cómo saber si es hora
No hay una prueba definitiva, pero hay preguntas que ordenan bastante.
| Buena señal | Señal de que se agotó | |
|---|---|---|
| Después de hablar | Quedas más liviano | Quedas peor que antes |
| Cuando pides algo | A veces cambia | Cambia dos días |
| Contigo mismo | Te sigues gustando | Te desconoces |
| Con los demás | Puedes contarlo | Lo escondes |
Si te reconoces del lado derecho en las cuatro filas, esa ya es la respuesta.
Hay una pregunta más, y es la que más incomoda en consulta.
¿Le desearías esta misma relación a alguien que quieres mucho?
Que una relación te haya hecho feliz alguna vez no la obliga a hacerte feliz para siempre.
Qué ayuda de verdad a soltar
Decidirlo una vez, no cada mañana
Si lo vuelves a decidir todos los días, vas a perder alguno de esos días.
La decisión se toma una vez, con la cabeza fría, y después solo se sostiene.
Escríbete en algún lado por qué la tomaste, para leerlo el día que flaquees.
Cortar el canal, no solo la relación
Mientras sigas mirando su perfil, la herida no termina de cerrar.
En personas que habían roto hace poco, darle vueltas al tema llevaba a mirar más sus redes, y eso se asociaba con peor recuperación (Tran y Joormann, 2015).
No hace falta bloquear si te parece violento: silencia, archiva el chat y saca la aplicación del teléfono.
Dejar de pelear con el pensamiento
Proponerte no pensar en esa persona hace que aparezca más.
Está estudiado hace décadas y sale siempre al revés (Wegner y cols., 1987).
Funciona mejor darle un rato fijo al tema que prohibírtelo todo el día.
Cómo se hace eso en concreto está en cómo dejar de pensar tanto.
Dejar de esperar el cierre perfecto
Casi nadie recibe la conversación final que ordena todo.
Esa charla que imaginas, en la que por fin entiende y te pide perdón, rara vez pasa.
El cierre no te lo da la otra persona: te lo das tú cuando dejas de esperarlo.
Ponerle nombre a lo que pierdes
No estás soltando solo a alguien. Estás soltando una rutina y un futuro que ya tenías armado.
Nombrarlo en voz alta duele menos que sentirlo sin saber qué es.
Sobre cómo se cierra una etapa hablamos en aprender a cerrar ciclos.
Buscarte testigos
Cuéntaselo a dos o tres personas antes de hacerlo, no después.
Cuando alguien más lo sabe, te cuesta más volver en silencio.
Elige gente que te sostenga y no gente que te dé un discurso.
Prepararte para el momento en que te escriba
Porque casi siempre escribe, y casi siempre elige el peor día.
Ten decidido de antemano qué vas a hacer con ese mensaje.
Responder en caliente es la forma más rápida de perder tres semanas de trabajo.
¿Ya sabes qué le vas a contestar si te escribe esta noche?
Lo que no ayuda
- Anunciar que te vas veinte veces sin irte
- Pedirle que cambie una vez más para tener la prueba
- Empezar algo nuevo enseguida para tapar el hueco
- Revisar sus redes para ver si te extraña
- Esperar a dejar de amarlo para poder irte
Lo último es la trampa más común de todas.
Puedes seguir queriendo a esa persona y saber igual que esto se terminó.
Cómo se ve el proceso por dentro
No va a mejorar en línea recta, y eso confunde a mucha gente.
Un estudio que siguió a jóvenes recién separados vio que el amor y la tristeza bajan con las semanas, pero suben y bajan en el camino (Sbarra y Emery, 2005).
Un día malo después de tres buenos no significa que hayas vuelto al principio.
Extrañar a alguien no es una señal de que hay que volver. Es una señal de que esa persona te importó de verdad.
Y no, no te vamos a decir cuántos meses tarda: eso depende de tu historia y nadie serio te da una fecha.
Si lo que sueltas es una infidelidad
Aquí no sueltas una cosa sino dos: la persona y la traición.
Duelen distinto y se trabajan distinto, y por eso a veces parece que no avanzas.
Lo que más ayuda es no reabrir el material: no releer los mensajes, no pedir detalles que después se te graban.
Y si hay una tercera persona en el medio, no dejar ningún canal abierto con ella. Eso está en contacto cero con el amante.
Si eres tú quien tiene que soltar esa relación paralela, tienes el paso a paso en cómo dejar a mi amante.
Si en tu casa hay miedo
Una cosa es una relación que te desgasta y otra muy distinta es una relación con miedo.
Si hay amenazas, control sobre tu dinero o tus salidas, o agresión de cualquier tipo, eso no se resuelve con estos consejos.
Ahí lo primero es tu seguridad, y conviene armar la salida con ayuda.
Tienes los teléfonos de tu país en contactos de emergencia.
Cuándo conviene consultar
- Ya lo intentaste varias veces y siempre vuelves
- Pensar en irte te paraliza durante días
- Lo que sientes no baja con las semanas
- Tu vida se fue achicando alrededor de esa persona
Si eso te suena, mira también dependencia emocional.
Cómo te podemos ayudar
En Psicología On The Go atendemos online a hispanos en Estados Unidos, México y el resto de LATAM.
Muchas personas llegan justo aquí: sabiendo lo que tienen que hacer y sin poder hacerlo sola.
Si en el medio hubo una infidelidad, empezar por el test de infidelidad te ordena bastante el panorama.
Un consejo que no estaba arriba: no midas tu avance por cuánto lo extrañas.
Mídelo por cuánto tardas en volver a lo tuyo después de extrañarlo.
¿Qué es lo que más miedo te da del día después?
Ver también:
- Relaciones tóxicas: cómo superarlas
- Cómo recuperar la autoestima después de una infidelidad
- Cómo olvidar a tu ex
Fuentes consultadas
- Rusbult, C. E., Martz, J. M., & Agnew, C. R. (1998). The Investment Model Scale. Personal Relationships, 5(4), 357–391. doi.org/10.1111/j.1475-6811.1998.tb00177.x
- Arkes, H. R., & Blumer, C. (1985). The psychology of sunk cost. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 35(1), 124–140. doi.org/10.1016/0749-5978(85)90049-4
- Fisher, H. E., Brown, L. L., Aron, A., Strong, G., & Mashek, D. (2010). Reward, addiction, and emotion regulation systems associated with rejection in love. Journal of Neurophysiology, 104(1), 51–60. doi.org/10.1152/jn.00784.2009
- Tran, T. B., & Joormann, J. (2015). The role of Facebook use in mediating the relation between rumination and adjustment after a relationship breakup. Computers in Human Behavior, 49, 56–61. doi.org/10.1016/j.chb.2015.02.050
- Wegner, D. M., Schneider, D. J., Carter, S. R., & White, T. L. (1987). Paradoxical effects of thought suppression. Journal of Personality and Social Psychology, 53(1), 5–13. doi.org/10.1037/0022-3514.53.1.5
- Sbarra, D. A., & Emery, R. E. (2005). The emotional sequelae of nonmarital relationship dissolution. Personal Relationships, 12(2), 213–232. doi.org/10.1111/j.1350-4126.2005.00112.x