Te hizo lo peor que te hicieron. Y lo extrañas.
Es lo que casi nadie se anima a decir en voz alta, ni siquiera a su mejor amiga.
Porque hacia afuera hay que estar enojado, y hacia adentro todavía duele que no llame.
Y entonces empiezas a pensar que el problema eres tú.
Pero seguir queriendo a quien te traicionó no es una falla de fábrica.
Aquí vas a ver por qué el amor no se apaga cuando la otra persona deja de merecerlo, y qué hacer con eso.
Es lo que vemos cada semana en consulta, casi siempre con esa misma frase de vergüenza.
El amor no tiene interruptor
Si lo tuviera, ya lo habrías apagado. Lo intentaste.
Un vínculo de años no se sostiene solo en lo que el otro hace bien.
Se sostiene en la historia, en la casa, en los chistes que nadie más entiende y en un sistema de apego que no leyó las noticias.
Ninguna de esas cosas se entera de que te engañaron.
Siguen funcionando igual, y por eso lo extrañas mientras lo odias.
Por qué tu cabeza lo busca más, no menos
Esta parte confunde a todo el mundo.
Cuando la persona que era tu refugio se vuelve la fuente del peligro, el apego no se apaga: se enciende.
Es lo que en terapia de pareja se llama lesión de apego, o sea una herida en el lugar exacto donde ibas a buscar seguridad (Johnson, Makinen y Millikin, 2001).
Tu sistema hace lo único que sabe hacer: acercarse a quien te calmaba.
Aunque ahora sea la misma persona que te lastimó.
No estás yendo hacia quien te hizo daño. Estás yendo hacia donde antes estaba la calma.
Lo que se sabe del cerebro cuando te dejan
Hay algo más que explica esa insistencia.
Un estudio pequeño miró a 15 personas a las que habían dejado hacía poco.
Pensar en el otro les activaba las mismas zonas ligadas a la recompensa y al deseo (Fisher y cols., 2010).
Son 15 personas y no prueba gran cosa por sí solo.
Pero coincide con lo que escuchamos: no es que lo quieras menos, es que lo quieres con hambre.
Y esa mezcla de rabia y necesidad te deja sin energía para nada más.
Y no, no se te va a pasar porque te lo ordenes
Te lo habrás dicho ya varias veces, tal vez en voz alta.
El amor de años no responde a órdenes tuyas ni a los argumentos de tus amigos.
Lo que sí se sabe es que el amor puede seguir vivo mucho después de la etapa del enamoramiento (Acevedo y Aron, 2009).
O sea que lo que sientes tiene con qué sostenerse solo, sin que tú lo alimentes.
¿Cuántas veces te prometiste esta semana que ya no ibas a pensar en esto?
Que sigas sintiendo no significa que fue poco grave
Mucha gente lo lee al revés y te lo dice en la cara.
Que lo ames no relativiza nada de lo que pasó. Son dos planos distintos.
El daño se mide por lo que hizo, no por lo que tú sientes después.
Nadie tiene que dejar de querer a alguien para tener derecho a estar herido.
Amar y quedarse no son la misma cosa
Aquí está el nudo, y desatarlo suele aliviar bastante.
Amar es algo que te pasa. Quedarte es algo que decides.
El amor entra por un lado y la decisión se toma por otro, con información distinta.
| Amar | Decidir quedarte | |
|---|---|---|
| De dónde sale | De la historia y el apego | De lo que ves hoy |
| Se puede elegir | No | Sí |
| Cambia rápido | No | Puede cambiar en un mes |
| Con qué se mide | Con lo que sientes | Con lo que la otra persona hace |
| Alcanza solo | Nunca | Tampoco, pero pesa más |
Puedes amar a alguien y ver clarísimo que esa relación te hace mal.
Y puedes irte queriéndolo, que es como se va casi todo el mundo.
Entonces, ¿qué miro?
No mires cuánto lo amas. Eso ya lo sabes y no te ordena nada.
Mira qué sostiene ese amor cuando lo dejas solo.
Si abajo hay algo real, se nota en hechos concretos: qué hace esa persona ahora, no qué promete.
Los hechos que importan los separamos en señales de arrepentimiento después de una infidelidad.
Cuándo ese amor puede ser un punto de partida
No es una lista de permiso para quedarte. Es lo que hace que intentarlo tenga sentido.
- Se hace cargo de lo que hizo, sin explicarte que fue por tu culpa.
- Cortó el contacto con la otra persona y te lo puede mostrar.
- Te contesta lo mismo dos veces sin poner cara.
- Hay días buenos, aunque sean pocos, en los que algo se parece a antes.
- Tú quieres, y no solo tienes miedo de no querer.
Cuando esas cosas están, lo que sientes puede ser material para construir algo.
Cuando no están, lo que sientes te mantiene atado a una promesa.
Cuándo ese amor tapa otra cosa
Hay una versión de este sentimiento que conviene mirar con más cuidado.
Cuando lo que te ata es sobre todo el miedo a quedarte sin nadie.
Cuando ya pasó varias veces y el ciclo es siempre el mismo: se descubre, llora, promete, vuelve a pasar.
Cuando sin esa relación no sabes bien quién eres ni para qué te levantas.
Eso ya no se parece tanto al amor y se parece bastante a la dependencia emocional, que se trabaja de otra manera.
¿Cuál de las tres se parece más a lo tuyo?
Cinco preguntas para mirarlo de frente
Hazlas en un momento tranquilo, no después de una pelea.
- ¿Qué extraño exactamente: a esta persona o no estar solo?
- Si no hubiera pasado nada, ¿igual estaría contento aquí?
- ¿Qué cambió en su conducta desde que se supo?
- ¿Me estoy quedando por lo que hay o por lo que espero que haya?
- ¿Qué le diría a alguien que quiero, si me contara esto?
La quinta suele ser la que más incomoda, y por eso es la más útil.
Lo que te dice la gente y no te sirve
«Si te quisiera no te habría hecho eso» es cierto y no te ayuda en nada.
Tampoco te ayuda «yo ya me habría ido», que te lo dice alguien que no vive tu vida.
Lo que sí conviene que te preguntes es de dónde viene el apuro: ¿es tuyo o es de quien te aconseja?
Tu ritmo no es un capricho, y nadie de afuera va a cargar con lo que tú decidas.
A quien te apura hoy no le vas a poder devolver la decisión mañana.
Lo que este amor no dice de ti
No dice que seas ingenuo. No dice que no te valores.
Dice que te involucraste de verdad con alguien, que es lo que hace la gente que quiere bien.
El trabajo que viene no es dejar de sentir, porque eso no se decide.
Es decidir qué haces mientras sientes.
Dejar de amar no es un requisito para poner un límite. Casi siempre el límite llega primero, y el sentimiento después.
Si decidieras intentarlo
El sentimiento no alcanza y conviene saberlo desde el primer día.
Hacen falta condiciones concretas, y varias no dependen de ti.
Cómo es ese proceso completo está en cómo superar una infidelidad, y las señales que lo hacen más viable en señales de que la relación puede sobrevivir.
Si decidieras irte
Vas a seguir queriéndolo un tiempo, y eso no significa que te equivocaste.
Irse queriendo es lo normal, no la excepción.
Lo que ayuda es no alimentar el vínculo mientras tanto: menos contacto, menos revisar sus redes, menos rearmar la escena.
Cuándo conviene pedir ayuda
- Piensas en esto la mayor parte del día y no puedes con otra cosa.
- Volviste a intentarlo varias veces y siempre termina igual.
- No comes ni duermes como antes desde hace semanas.
- Sientes que sin esa persona tu vida no tiene forma.
- La rabia y la necesidad se te alternan varias veces por día.
Nada de esa lista es un diagnóstico, y solo un profesional puede evaluarte a ti.
Sí alcanza para pedir una consulta sin esperar a estar peor.
Cómo te podemos ayudar
En Psicología On The Go trabajamos con esto todos los días, y atendemos online a hispanos en Estados Unidos, México y el resto de LATAM.
Si no sabes por dónde empezar, puedes hacer nuestro test de infidelidad, que es gratuito y te ubica.
Un consejo que no estaba arriba: deja de pedirle a tu cabeza que decida hoy.
Ponle fecha a la conversación, no al sentimiento, y ocúpate mientras tanto de dormir y comer.
¿Qué harías esta semana si supieras que vas a seguir queriéndolo igual?
Autor: Lic. Mario Guerra, MN 72425.
Ver también:
- Trauma por infidelidad: síntomas y tratamiento
- Perdonar una infidelidad
- Etapas de la pareja después de una infidelidad
Fuentes consultadas
- Johnson, S. M., Makinen, J. A., y Millikin, J. W. (2001). Attachment injuries in couple relationships. Journal of Marital and Family Therapy, 27(2), 145–155. doi.org/10.1111/j.1752-0606.2001.tb01152.x
- Fisher, H. E., Brown, L. L., Aron, A., Strong, G., y Mashek, D. (2010). Reward, addiction, and emotion regulation systems associated with rejection in love. Journal of Neurophysiology, 104(1), 51–60. doi.org/10.1152/jn.00784.2009
- Acevedo, B. P., y Aron, A. (2009). Does a long-term relationship kill romantic love? Review of General Psychology, 13(1), 59–65. doi.org/10.1037/a0014226
- Warach, B., y Josephs, L. (2019). The aftershocks of infidelity: a review of infidelity-based attachment trauma. Sexual and Relationship Therapy, 36(1), 68–90. doi.org/10.1080/14681994.2019.1577961