Volviste a hacer la lista mental camino al trabajo, y ya la conoces de memoria: un lado pesa más un día y el otro pesa más al siguiente.
Y sigues sin saber si lo que tienes es un motivo o es un mal año.
Esa es la diferencia que vas a ver acá: qué motivos aparecen de verdad, cómo se distingue uno real de una mala racha y qué preguntas te ordenan la decisión.
Si en tu casa hay amenazas, golpes o miedo, entra primero a contactos de emergencia y busca ayuda hoy.
Nadie te va a dar el permiso que estás esperando.
Es lo que acompañamos cada semana en consulta.
Si los buscas, siempre vas a encontrar motivos
Ninguna relación aguanta esa lista, y ninguna persona tampoco, ni tú ni tu pareja; la pregunta útil no es si tienes motivos, sino si se repiten.
Un motivo que aparece una vez es un problema; uno que vuelve hace tres años es otra cosa.
Los motivos que más aparecen
Cuando se les pregunta a personas divorciadas por qué se rompió el matrimonio, la lista se repite bastante (Amato y Previti, 2003):
- La infidelidad. El motivo que más se nombra.
- La incompatibilidad. Querían cosas distintas y no se notó a tiempo.
- El consumo. Alcohol o drogas de por medio.
- Alejarse de a poco. Nadie hizo nada malo y ya no queda nada.
- Pelear sin llegar a ningún lado. La misma discusión durante años.
Si el tuyo está ahí, no estás exagerando.
Y si no está, tampoco: nadie te pide que justifiques nada.
Un motivo no es un mal año
Acá se decide casi todo, y casi nadie lo mira así.
| Un mal año | Un motivo |
|---|---|
| Pasó algo concreto | Vuelve solo |
| Lo hablaron y cambió | Ya lo pediste varias veces |
| Los dos lo ven | Solo tú lo ves |
| Se siente feo | Te sientes peor cada mes |
¿Cuántas veces pediste lo mismo y te dijeron que sí?
Esa cuenta te dice más que cualquier lista de internet.
El motivo que no te animas a decir
Hay uno que casi nunca aparece en las listas y llena las consultas.
Ya no sientes nada y no pasó nada grave: te levantas al lado de alguien conocido y ajeno.
Ese motivo cuenta igual que los otros, aunque no tengas nada feo para contar.
Mucha gente se queda años esperando una escena que le dé permiso para irse.
¿Estás esperando que pase algo grave para poder decidir?
Por qué te cuesta tanto nombrarlo
Porque no tienes con qué defenderlo: si te preguntan qué pasó, no hay respuesta corta.
Y porque tu entorno te va a decir que todas las parejas pasan por eso.
A veces es cierto, y a veces llevas cuatro años en ese “eso”.
Lo que predice mejor que el motivo
El motivo importa menos de lo que crees: lo que importa es cómo lo discuten.
La forma de pelear predice la ruptura mejor que el tema de la pelea (Gottman y Levenson, 1992).
Dos parejas con el mismo problema terminan distinto según cómo se hablan.
Los cuatro patrones que más aparecen los desarrollamos en qué hace sana a una relación.
La señal que más pesa
No son los gritos: es el desprecio, el chiste que te deja mal, los ojos en blanco, el tono con el que te contesta delante de otros.
Si eso ya es el clima de tu casa, el motivo dejó de ser un tema aparte.
Donde el motivo no se discute
Hay situaciones en las que esto deja de ser una duda de pareja: control del dinero, revisión del teléfono, amenazas, miedo.
Las conductas de control se estudian como una forma de violencia en la pareja, no como un exceso de amor (Hamberger y cols., 2017).
Si hay violencia, la terapia de pareja no es tu primer paso: primero va tu seguridad.
Tienes los teléfonos de ayuda de tu país en contactos de emergencia.
Cuando el daño no llega a eso pero igual te desgasta, mira qué es una relación tóxica.
Motivos que no son tuyos
Buena parte de tu lista la escribió otra gente: tu familia, los suegros, lo que van a decir, lo que te enseñaron sobre aguantar.
Fíjate cuáles de tus razones para quedarte tienen que ver con la relación en sí.
«Me hace reír» es un motivo de la pareja. «Qué van a pensar en mi trabajo» no lo es.
¿Cuántos de los tuyos sobreviven a esa separación?
Lo que te retiene y no es un motivo
Cuanto más pusiste en una relación, más caro te sale soltarla.
Los años, el dinero, la casa, la historia: eso pesa aunque hoy no te cambie nada (Rusbult y Martz, 1995).
No es un motivo para quedarte: es una cuenta vieja que ya no puedes cobrar.
Si lo que te frena es el miedo, eso lo trabajamos en miedo a separarte.
Si tu motivo es una infidelidad
Lo que define el rumbo no es el descubrimiento, sino lo que pasa después.
Hay parejas que reparan cuando quien engañó se hace cargo y sostiene el cambio meses.
Y hay casos en que se repite, te acusan a ti o aparece el control.
Cómo decidirlo lo desarrollamos en separarse después de una infidelidad.
Si tienen hijos, el motivo no cambia
Cambia el cuándo y el cómo, no el si, y quedarse “por los chicos” suena noble y suele salir caro para todos.
Lo que más les pesa a los hijos no es la separación en sí, sino vivir en el medio de un conflicto que no se resuelve (Harold y Sellers, 2018).
Una casa en calma con dos direcciones les hace menos daño que una casa tensa con una sola.
Eso no significa que separarte sea gratis para ellos, sino que aguantar tampoco lo es.
¿En tu casa se discute delante de ellos o se cortan las charlas cuando entran?
Qué te conviene hacer esta semana
Nada de esto reemplaza pedir ayuda, pero te sirve hoy.
- Escribe tres motivos. Solo los que se repitieron este año.
- Al lado, la fecha. Cuándo lo pediste por primera vez.
- Tacha los ajenos. Los que puso tu familia o el qué dirán.
- Guarda la lista. Léela un miércoles cualquiera, no un domingo a la noche.
No decides en el peor día ni en el mejor. En el peor te vas por bronca y vuelves el martes.
El motivo que ves tú y el que ve tu pareja
Casi nunca coinciden, y eso también es información.
La mayoría de la gente ubica la causa de la ruptura en el otro, no en sí misma.
Si los dos apuntan al otro, no hay nadie mirando la relación.
Prueba algo incómodo: escribe cuál dirías que es el motivo de tu pareja para estar mal.
Si no se te ocurre ninguno, hace tiempo que no hablan de verdad.
Y si se te ocurren cinco, quizá el problema no sea la falta de motivos sino la falta de un lugar donde ponerlos.
Cuándo te conviene pedir ayuda
Si hace años que decides y te arrepientes, y no avanzas.
Si no puedes hablarlo con nadie de tu entorno sin que te den una orden.
También si el clima de tu casa ya te está afectando el sueño o el trabajo.
Pedir ayuda no significa que te vayas a separar. Significa que dejas de decidirlo en soledad.
Individual antes que de pareja
Cuando alguien todavía no sabe si quiere seguir, empezar directo con terapia de pareja suele trabarse.
Es difícil trabajar en algo mientras decides si quieres estar ahí.
En esos casos conviene un espacio a solas primero, y recién después ver si tiene sentido ir juntos.
No es un paso previo a separarte. Es el paso previo a decidir con la cabeza clara.
Cómo te podemos ayudar
En Psicología On The Go atendemos online a hispanos en Estados Unidos, México y el resto de LATAM.
Si en tu caso hay sospecha de infidelidad, puedes empezar por nuestro test de infidelidad, que es gratuito.
Un consejo que no estaba arriba: deja de buscar el motivo definitivo.
Casi nadie se separa por uno grande. Se separa por uno chico que ya pidió cinco veces y sigue igual.
¿Cuál de tus motivos lleva más tiempo sin moverse?
Ver también:
- Etapas de la separación matrimonial
- Cómo afrontar una separación de pareja
- Cómo soltar a alguien que te hace mal
- Contactos de emergencia por país
Fuentes consultadas
- Amato, P. R., & Previti, D. (2003). People’s reasons for divorcing. Journal of Family Issues, 24(5), 602–626. doi.org/10.1177/0192513X03254507
- Gottman, J. M., & Levenson, R. W. (1992). Marital processes predictive of later dissolution. Journal of Personality and Social Psychology, 63(2), 221–233. doi.org/10.1037/0022-3514.63.2.221
- Hamberger, L. K., Larsen, S. E., & Lehrner, A. (2017). Coercive control in intimate partner violence. Aggression and Violent Behavior, 37, 1–11. doi.org/10.1016/j.avb.2017.08.003
- Rusbult, C. E., & Martz, J. M. (1995). Remaining in an abusive relationship: an investment model analysis. Personality and Social Psychology Bulletin, 21(6), 558–571. doi.org/10.1177/0146167295216002
- Harold, G. T., & Sellers, R. (2018). Interparental conflict and youth psychopathology. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 59(4), 374–402. doi.org/10.1111/jcpp.12893