Cómo afrontar una separación de pareja: qué hacer hoy

Cómo afrontar una separación de pareja en lo concreto: qué sostener cada día, qué hacer con el teléfono y qué decisiones conviene dejar en pausa.

Cómo afrontar una separación de pareja: qué hacer hoy

Es la tercera noche y no sabes qué hacer con las horas.

De día funcionas: trabajas, contestas, hasta te ríes de algo, pero después se hace de noche y la casa suena distinto.

Acá no vas a encontrar cómo dejar de sentir eso. Vas a encontrar qué hacer mientras tanto: qué sostener cada día, qué hacer con tu teléfono y qué decisiones te conviene no tomar ahora.

Nada de esto te acorta el proceso, pero te evita que se alargue.

Si aparecen ideas de no querer estar, entra a contactos de emergencia y habla hoy con alguien de confianza.

Es lo que acompañamos cada semana en consulta.

Lo primero es el cuerpo

Suena poco espiritual y es lo que más te va a servir esta semana.

Una separación no es solo un golpe emocional: también se ve en la salud física (Sbarra, 2015).

Dormir, comer y moverte no son consejos de revista en este momento.

Si no duermes, todo lo demás se te va a hacer el doble de difícil.

Tres horarios y nada más

No te armes una rutina nueva, sostén tres cosas.

A qué hora te levantas, a qué hora comes algo y a qué hora te acuestas.

Con eso alcanza para las primeras semanas.

¿Cuántos de esos tres tienes en pie hoy?

Qué haces con el teléfono

Acá se decide buena parte de tu proceso, y casi nadie lo mira.

El contacto tibio te reinicia todo: escribes a las once, contesta a la una, y al otro día estás igual que el primer día.

No se trata de que desaparezcas, sino de que sepas para qué se hablan.

Un mensaje por un tema concreto es logística. Un mensaje para ver qué contesta es una recaída.

Revisarle las redes cuenta igual que escribirle. Cada vez que miras, la cuenta vuelve a empezar.

A quién le cuentas

No a todo el mundo, y no lo mismo a cada uno: elige dos personas, una para hablar de lo que sientes, otra para lo práctico.

Al resto le alcanza con «nos separamos» y nada más.

Cuidado con el consejo fácil

Todos van a tener una opinión y casi todos van a estar seguros: «vuelve», «no vuelvas», «sal a distraerte», «bloquéalo ya».

Nadie de afuera tiene los datos que tienes tú: escucha y decide después.

¿Estás pidiendo compañía o estás pidiendo permiso?

La casa que quedó igual

Si te quedaste tú, la casa te recuerda todo el tiempo, y no hace falta que la vacíes en una tarde ni que la dejes intacta seis meses.

Empieza por una cosa chica: el lado de la cama, la taza, la silla donde se sentaba.

Mover una sola cosa te cambia la sensación de la habitación entera.

Y si te fuiste tú, tu problema es otro: el lugar nuevo todavía no te suena a tuyo.

Ahí sirve al revés, poner algo tuyo a la vista el primer día.

¿Qué objeto de tu casa te frena cada vez que lo ves?

Los ratos en que no piensas en eso

Van a venir antes de lo que crees, y te van a dar culpa: te ríes de algo y te das cuenta diez minutos después.

Atravesar una pérdida no es estar triste sin parar: se alterna entre mirar lo que perdiste y ocuparte de la vida que sigue (Stroebe y Schut, 1999).

Esos ratos no son una traición: son la mitad que te sostiene.

La pregunta que no tiene respuesta

Vas a repasar conversaciones buscando el punto exacto donde se rompió: qué dijiste mal, qué deberías haber visto, en qué año empezó.

Esa búsqueda parece que te acerca a entender y te deja en el mismo lugar cada noche.

No hay una respuesta que devuelva la relación, y por eso nunca te alcanza ninguna.

Cuando aparezca, prueba algo distinto: anota la pregunta en un papel y déjala para la sesión, para el café del sábado, para el martes.

Sacarla de la cabeza y ponerla en un lugar concreto es lo que le baja el volumen.

Las decisiones grandes, en pausa

En pleno golpe tu cabeza busca alivio rápido y no mide bien.

  • Mudarte de ciudad. Suele ser huir con mudanza incluida.
  • Renunciar al trabajo. Es lo único que hoy te estructura el día.
  • Empezar otra relación. Tapa el vacío unos meses y después vuelve.
  • Repartir cosas por mensaje. Todo lo que se acuerda enojado se renegocia después.

Ninguna está mal en sí: lo que sale caro es tomarlas esta semana.

Si todavía lo amas

Es lo que más confunde y casi nadie lo dice en voz alta: puedes amar a alguien y saber que la relación no se sostiene.

Las dos cosas conviven, y no tienes que dejar de sentir para poder avanzar.

Lo primero que baja no es el amor: es la urgencia de escribirle.

Ese punto exacto lo trabajamos en cómo soltar a alguien que te hace mal.

Si tienen hijos

Tu duelo va por un lado y la organización como padres, por otro.

Lo que más les pesa a ellos no es la separación en sí, sino quedar en el medio del conflicto (Harold y Sellers, 2018).

Rutinas claras, nada de mensajes a través de ellos, y las conversaciones de adultos entre adultos.

Y algo que aliviana: no tienes que estar entero delante de ellos, tienes que estar previsible.

El domingo

Los días de semana el trabajo te tapa, pero el domingo no tapa nada.

Por eso conviene que ese día tenga algo puesto de antes: un plan, una salida, alguien.

No para distraerte de todo, sino para no pasarlo entero mirando el teléfono, y lo mismo con las fechas marcadas: aniversarios, cumpleaños, fiestas.

Qué te conviene hacer esta semana

Nada de esto reemplaza pedir ayuda, pero te sirve hoy.

  • Sal de casa una vez al día. Aunque sea a la esquina.
  • Come tres veces. Aunque no tengas ganas y sea poco.
  • Un solo mensaje al día, como mucho. Y ninguno después de las once.
  • Llama a una persona. La que dejaste de ver hace más tiempo.

No tienes que estar mejor este mes. Solo llegar al próximo sin haberte soltado la mano.

Volver a explicarlo cada vez

Te vas a cansar de contar lo mismo, y ese cansancio también agota: en el trabajo, con la familia, con los conocidos que se enteran tarde.

Ten una frase corta lista y úsala siempre igual: «nos separamos, estoy acomodándome, gracias por preguntar» te alcanza para el 90% de los casos.

Contar la historia completa solo con quien de verdad te sostiene. Con el resto, la frase corta.

¿A cuánta gente le contaste el detalle sin querer contarlo?

Cuándo te conviene pedir ayuda

Si pasan los meses y no baja nada, si no duermes, no comes o no puedes trabajar.

Si te aislaste del todo, o si estás tomando más que antes.

Después de una ruptura el ánimo mejora en promedio, con subidas y bajadas muy marcadas entre una semana y otra (Sbarra y Emery, 2005).

Que hoy estés peor que el jueves no dice nada, pero que hace seis meses estés igual, sí.

Y sin esperar nada si aparecen ideas de no querer estar: entra a contactos de emergencia hoy.

Cómo te podemos ayudar

En Psicología On The Go atendemos online a hispanos en Estados Unidos, México y el resto de LATAM.

Si tu separación viene de una infidelidad, puedes empezar por nuestro test de infidelidad, que es gratuito.

El mapa completo del proceso lo tienes en etapas de la separación matrimonial, y el trabajo de soltar en cómo olvidar a tu ex.

Un consejo que no estaba arriba: guarda una caja.

Todo lo que te lo recuerda va ahí, y la caja va lejos de tu vista. No la tires: en unos meses vas a poder abrirla sin que te tumbe, y ese día vas a notar cuánto avanzaste.

¿Qué es lo que más te cuesta de las noches, el silencio o las ganas de escribirle?


Ver también:

Fuentes consultadas

  • Sbarra, D. A. (2015). Divorce and health: beyond individual differences. Current Directions in Psychological Science, 24(2), 109–113. doi.org/10.1177/0963721414559125
  • Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement. Death Studies, 23(3), 197–224. doi.org/10.1080/074811899201046
  • Sbarra, D. A., & Emery, R. E. (2005). The emotional sequelae of nonmarital relationship dissolution. Personal Relationships, 12(2), 213–232. doi.org/10.1111/j.1350-4126.2005.00112.x
  • Harold, G. T., & Sellers, R. (2018). Interparental conflict and youth psychopathology. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 59(4), 374–402. doi.org/10.1111/jcpp.12893

Preguntas frecuentes

¿Qué hago las primeras semanas de una separación?

Lo primero no es sentirte mejor, es sostener el cuerpo. Tres horarios fijos: levantarte, comer y acostarte. Salir de casa una vez al día aunque sea a caminar. Y avisarle a dos o tres personas para no pasar las noches en silencio. Suena poco y es exactamente lo que evita que las primeras semanas se conviertan en meses.

¿Tengo que cortar el contacto con mi ex?

No hace falta desaparecer, sí conviene ordenar para qué se hablan. El contacto tibio, esos mensajes de las once de la noche que no resuelven nada, te reinicia el proceso cada vez. Si hay hijos o cosas compartidas, el contacto va a seguir: la diferencia está en que sea por temas concretos y no para seguir discutiendo la relación.

¿Cómo afrontar la separación si todavía amas a la otra persona?

Puedes amar a alguien y a la vez saber que la relación no se sostiene. Las dos cosas conviven y no tienes que dejar de sentir para poder avanzar. Esperar a que el amor se apague antes de moverte suele alargarlo todo. Lo que baja primero no es el amor: es la urgencia de escribirle.

¿Qué decisiones conviene no tomar ahora?

Mudarte de ciudad, renunciar al trabajo, meterte en una relación nueva o repartir bienes por mensaje. En pleno golpe la cabeza busca alivio rápido y no mide bien. No es que estas decisiones estén mal: es que tomadas esta semana suelen pagarse después. Deja pasar unos meses y decide con alguien al lado.

¿Está mal que a veces me distraiga y me ría?

No, y es parte del proceso. Atravesar una pérdida no es estar triste sin parar: se va alternando entre mirar lo que perdiste y ocuparte de la vida que sigue. Los ratos en que te enganchas con una serie, con el trabajo o con un amigo no son una traición. Son la mitad que te sostiene.

¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?

Si pasan los meses y no baja nada, si no puedes dormir, comer o trabajar, si te aislaste o si el consumo de alcohol subió. Y sin esperar nada si aparecen ideas de no querer estar: en ese caso busca los teléfonos de ayuda de tu país en nuestra página de contactos de emergencia y habla hoy con alguien de confianza.

¿Seguir o soltar? Esa decisión se toma desde la claridad, no desde el pánico.

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