«Yo tengo mala suerte en el amor: mis parejas siempre son infieles, poco compañeras, muy celosas…». ¿Cuántas veces lo escuchamos —o lo dijimos—? La pregunta de fondo es: ¿realmente es mala suerte, o tenemos algún tipo de responsabilidad en esa elección? En este artículo te explicamos por qué solemos elegir el mismo estilo de pareja, aunque nos haga sufrir una y otra vez, y qué podés hacer para cambiar esa racha.
¿Por qué siento que no tengo suerte en el amor?
Primero conviene entender de qué dependen nuestras elecciones de pareja. El estilo de pareja que nos atrae está relacionado con nuestros esquemas cognitivos: sistemas de creencias aprendidos a lo largo de la vida que condicionan cómo pensamos y actuamos. Por eso, la forma de relacionarnos no es azarosa: sigue patrones preestablecidos.
Dicho de otro modo: lo que se vive como “mala suerte” casi nunca es suerte. Es repetición.
El patrón inconsciente: por qué elegimos siempre lo mismo
Estos patrones se forman con nuestras experiencias, la crianza y los modelos de pareja que tuvimos cerca (los de nuestros padres o abuelos, por ejemplo). No son esquemas fáciles de ver, y por eso cuesta darse cuenta de cómo influyen en nuestras decisiones.
Hay un mecanismo clave: cuando crecimos en entornos donde el afecto era intermitente o había que ganárselo, esa forma de querer y ser querido se interioriza como “normal”. Entonces, cuando aparece alguien que ofrece estabilidad y claridad emocional, muchas veces no lo percibimos como atractivo. En cambio, los vínculos que generan dudas, inseguridad o necesidad de aprobación activan una emoción intensa que confundimos con conexión, cuando en realidad está más ligada a la ansiedad que al amor estable.
A esto se suma la autoestima: si en el fondo no creés merecer algo bueno, vas a tender a conformarte con lo primero que aparece o a tolerar lo que te hace mal.
Cuando el patrón es terminar siempre con parejas infieles
Una de las versiones más dolorosas de esta “mala suerte” es la de quien siente que todas sus parejas terminan siéndole infieles. Cuando el patrón se repite, rara vez es casualidad.
No significa que sea tu culpa —la infidelidad es siempre responsabilidad de quien la comete—, pero sí puede haber factores propios que vale la pena mirar: señales tempranas que pasan desapercibidas, un estilo de apego ansioso que lleva a sostener vínculos inestables, o la tendencia a idealizar al principio y minimizar lo que no encaja. Trabajar eso no es culpabilizarte: es dejar de quedar a merced del mismo final una y otra vez.
8 claves para cambiar tu suerte en el amor
- Trabajá tu autoestima. Si creés que merecés a alguien que te haga bien, vas a elegir mejor. No te conformes con lo primero que aparece.
- Perdé el miedo a estar solo/a. El apuro por no quedarte solo lleva a elegir rápido a alguien que todavía no conocés.
- No idealices el amor romántico. La idea de la persona “perfecta” con la que todo fluye sin esfuerzo es utópica: todo vínculo requiere trabajo.
- Disfrutá de la soltería. Estar soltero/a no es estar solo/a. Disfrutar esta etapa te muestra que no necesitás una pareja para estar bien.
- Tené expectativas realistas. A veces exigimos al otro más de lo que damos. Revisá qué esperás.
- No te dejes presionar. Evaluá si tu deseo de estar en pareja es propio o un mandato familiar o cultural.
- No te compares. Estar pendiente de si los demás están en pareja solo suma frustración. Cada quien vive a su ritmo.
- Aprendé de tus experiencias. Si sacás algo en limpio de cada relación, es menos probable que repitas los mismos errores.
Cuándo pedir ayuda
Estos esquemas no son visibles a simple vista, y por eso muchas veces no alcanza con “proponérselo”. La terapia ayuda a hacer conscientes esos patrones y a darte herramientas para modificarlos.
Y si lo que se repite en tu historia son las parejas infieles, un buen primer paso para entender qué está pasando es hacer nuestro test de infidelidad: es gratuito y te ayuda a ver con más claridad el patrón y qué hacer con él.
La pareja debería ser una elección, no una necesidad. Y aunque no dependa solo de vos, hay mucho que podés hacer para que esto cambie.
Ver también: