Imaginaste cómo iba a ser y no fue así.
El trabajo, la relación, la mudanza, la conversación que ensayaste veinte veces.
Y ahora te queda una mezcla rara de enojo y vergüenza por haberte ilusionado.
Este artículo habla de eso: las expectativas psicológicas, las tuyas y las que otros ponen sobre ti.
Vas a ver por qué la caída duele tanto, qué pasa con las que nunca dijiste en voz alta y cómo se ajustan.
Con una parte dedicada a la pareja, que es donde más se rompen.
Es de las cosas que más aparecen en consulta, aunque casi nunca es el motivo por el que la gente pide turno.
Qué es exactamente una expectativa
Es una escena que tu cabeza te arma sobre algo que todavía no te pasó.
Aparece sola, sin que tú la pidas, y se va poniendo más nítida cada vez que la repasas.
No es un deseo suelto: tiene detalles, tiene guion y a veces hasta tiene diálogos.
Por eso cuando la realidad llega distinta, no la sientes como una sorpresa, sino como una pérdida.
Por qué la caída duele tanto
Aquí hay algo que casi nadie te explica y que ordena bastante lo que sientes.
Tú no comparas lo que pasó con la nada: lo comparas con una versión que ya viviste muchas veces por dentro.
Esa versión imaginada tuvo tiempo, detalle y emoción, y cuando no llega, se despide como se despide algo real.
No estás exagerando por algo que nunca existió. Existió durante meses, dentro de tu cabeza.
Tu cabeza está construida para esperar de más
Hay una tendencia bastante documentada a esperar que nos vaya mejor que al promedio.
Se la conoce como sesgo optimista: das por hecho que a ti te va a tocar el escenario bueno (Sharot, 2011).
No es ingenuidad tuya: es cómo funciona la mayoría de las cabezas, y saberlo ya te da un poco de margen.
Lo que no conviene es sumarle otra capa: la de repasar en bucle lo que debería haber pasado.
Sobre eso trabajamos en cómo dejar de pensar tanto y en tener todo bajo control.
Las expectativas que nunca dijiste
Estas son las que más daño hacen, porque nadie puede cumplir algo que no sabe que existe.
Vives esperando que la otra persona haga algo, y ella no tiene idea. Después la juzgas por incumplir un acuerdo que jamás firmó.
Suenan así: “si me quisiera, se daría cuenta”, o “no debería tener que pedírselo”.
¿Cuántas de las cosas que reclamas hoy las dijiste alguna vez con todas las letras?
Decirlas se siente como perder puntos, pero en realidad es la única forma de que alguien pueda dártelas.
Las que otros pusieron sobre ti
Hasta aquí hablamos de las tuyas, pero cargas con otras que ni siquiera elegiste.
Tu familia esperaba algo de ti. Tu entorno también. Y muchas de esas expectativas te las quedaste sin revisarlas nunca.
Se notan en cómo te hablas cuando algo no te sale. Si tu voz interna se parece a la de alguien, ahí tienes una pista.
¿De quién es realmente la vara con la que te estás midiendo tú?
Separar lo que tú quieres de lo que te enseñaron a querer es un trabajo largo y vale la pena.
Cómo suena esa voz por dentro lo trabajamos en diálogo interno.
Qué te dices cuando no se cumple
Esta parte decide casi todo, y suele pasar en dos segundos y sin que la registres.
Una expectativa que no se cumple te deja una frase, y el problema no es la frase que aparece: es que te la crees entera.
“Siempre me pasa lo mismo.” “No sé elegir.” “Me lo busqué.” Ninguna de las tres describe nada concreto.
Cámbialas por una versión más chica y más cierta: esto no salió, esta vez, por estos motivos.
No es pensar en positivo. Es dejar de convertir un plan que falló en una conclusión sobre ti.
En la pareja es donde más se rompen
Aquí las expectativas no chocan con la vida: chocan con otra persona que también trajo las suyas.
Tú llegas con tu idea de cómo se acompaña, cómo se discute y cómo se reparte la casa. Tu pareja llegó con la suya.
Casi ninguna de esas ideas se conversó antes: se dieron por obvias, y lo obvio nunca es igual para dos.
Cómo desarmar esas discusiones repetidas está en discusiones de pareja constantes.
Esperar lo mejor no siempre ayuda
Un estudio siguió a parejas recién casadas y miró qué pasaba con las expectativas positivas.
A quienes esperaban lo mejor y además tenían herramientas para resolver problemas les fue bien. A quienes no las tenían, les fue peor (McNulty y Karney, 2004).
No es que ilusionarse sea malo: es que la ilusión sola, sin nada que la sostenga, deja el golpe más fuerte.
Le pedimos a la pareja mucho más que antes
Hay un trabajo muy citado que describe cómo subió lo que esperamos del matrimonio.
Hoy se espera que la pareja sea compañía, deseo, apoyo y hasta el motor del crecimiento personal (Finkel y cols., 2014).
Es mucha exigencia para una sola persona, sobre todo cuando el tiempo compartido es cada vez menor.
Qué es razonable pedir y qué no lo tratamos en cómo es una relación sana y en mitos del amor romántico.
Expectativa flexible y expectativa rígida
| Flexible | Rígida |
|---|---|
| Se puede decir en una frase | Nunca se dijo en voz alta |
| Admite otra versión buena | Solo vale si sale exacta |
| Depende bastante de ti | Depende de que el otro adivine |
| Si no se cumple, duele | Si no se cumple, te define |
| Se revisa cada tanto | Es la misma desde hace años |
La columna de la izquierda no pide menos: pide lo mismo, pero con espacio para que la vida se meta.
Esa capacidad de moverse sin soltar lo que te importa se estudió como parte central de la salud mental (Kashdan y Rottenberg, 2010).
Cuatro cosas que puedes hacer esta semana
Nada de esto se arregla decidiendo “esperar menos”. Eso no funciona y además te apaga.
- Escríbela exacta. La mayoría de las expectativas están borrosas y por eso no se pueden cumplir.
- Sepárala en dos. Qué parte depende de ti y qué parte de otra persona.
- Dila en voz alta. Si involucra a alguien, sin decirla no es un acuerdo sino una trampa.
- Ponle un plan B que también te sirva. No un consuelo: una segunda versión que aceptarías de verdad.
La cuarta es la que más cuesta. Tener un plan B no le quita fuerza al plan A: te quita el miedo a que falle.
¿Cuál de las cuatro te está faltando ahora mismo con lo que más te frustra?
Cuando la vida ya no salió como esperabas
A veces no se trata de ajustar nada, porque el desvío ya ocurrió y no tiene vuelta atrás.
Ahí lo primero no es corregir la expectativa: es reconocer que perdiste algo, aunque ese algo nunca haya llegado a existir.
Se le puede poner nombre y darle un tiempo. Saltear esa parte es lo que después aparece como enojo suelto.
Antes de armar el plan nuevo, hay que despedir el viejo. Los planes también se velan.
Cómo se hace ese cierre está en aprender a cerrar ciclos.
Cómo te podemos ayudar
En Psicología On The Go trabajamos con crisis de pareja e infidelidad, online, en México, Estados Unidos y el resto de LATAM.
Buena parte de lo que atendemos empieza aquí: dos personas midiendo la relación contra dos guiones distintos que nunca compartieron.
Un consejo que no estaba arriba. Elige una sola expectativa y dila esta semana, entera y sin adornos. Con una alcanza para ver qué pasa.
Y si quieres algo de claridad sobre tu relación, nuestro test de infidelidad es gratuito y te ubica en minutos.
¿Qué es lo que estás esperando y todavía no dijiste tú?
Fuentes consultadas
- McNulty, J. K., & Karney, B. R. (2004). Positive expectations in the early years of marriage: Should couples expect the best or brace for the worst? Journal of Personality and Social Psychology, 86(5), 729–743. doi.org/10.1037/0022-3514.86.5.729
- Finkel, E. J., Hui, C. M., Carswell, K. L., & Larson, G. M. (2014). The suffocation of marriage: Climbing Mount Maslow without enough oxygen. Psychological Inquiry, 25(1), 1–41. doi.org/10.1080/1047840X.2014.863723
- Sharot, T. (2011). The optimism bias. Current Biology, 21(23), R941–R945. doi.org/10.1016/j.cub.2011.10.030
- Kashdan, T. B., & Rottenberg, J. (2010). Psychological flexibility as a fundamental aspect of health. Clinical Psychology Review, 30(7), 865–878. doi.org/10.1016/j.cpr.2010.03.001