Todo el mundo en tu barrio te conoce.
Y ahora tienes algo que no puedes contarle a nadie de tu barrio.
Ya escuchaste que las familias son eternas, y hoy esa frase te pesa en vez de sostenerte.
Nadie te explicó cómo se procesa esto sin que se entere la congregación entera.
Pero hay algo que ordena lo que viene: tu fe no causó esto y tampoco te obliga a apurar nada.
Aquí vas a ver qué suma la comunidad, qué hacer con la culpa y qué puedes esperar de una consulta.
Es lo que trabajamos cada semana con familias latinas de la Iglesia SUD.
Lo primero: la fe no explica una infidelidad
Ninguna creencia hace que alguien engañe, y ninguna lo impide sola.
La infidelidad la decide una persona, y esa decisión no viene de su religión.
De hecho, un estudio con datos de encuestas nacionales encontró que ir a la iglesia se asocia con menos infidelidad (Atkins y Kessel, 2008).
Ir, no creer más ni rezar más: la diferencia estaba en la asistencia.
Así que si alguien te insinúa que tu comunidad tiene algo que ver con lo que pasó, no le hagas caso.
Lo que sí cambia cuando la comunidad es tu vida entera
Aquí está lo propio de tu situación, y no tiene que ver con la doctrina.
Tu barrio no es solo tu fe: es tu red de trabajo, tus amigos, quien te cuida a los hijos.
Cuando toda tu vida social está en un mismo lugar, no tienes un afuera donde hablar.
Y sin un afuera, lo que necesitas sacar se queda adentro.
Tener a alguien con quien hablar no es un lujo: la falta de vínculos se asocia con peor salud (Holt-Lunstad y colegas, 2010).
¿A quién de tu vida le puedes contar esto sin que mañana lo sepan cinco personas más?
El peso de «las familias son eternas»
Es una de las ideas más hermosas de tu fe y también la que más se usa como palanca.
Cuando aparece una infidelidad, esa frase puede dejar de ser sostén y volverse una obligación.
Una cosa es lo que tú crees, y otra es lo que tu entorno espera de ti en nombre de eso. Vale la pena separarlas antes de decidir nada.
Nadie que te quiera bien debería usar tu doctrina para acortarte los plazos.
Cuando te enteras por vía institucional
Pasa, y es de lo que más nos traen a consulta: tu pareja habló primero con el obispo, y tú te enteraste después.
O te enteraste porque algo cambió: la recomendación del templo, un llamamiento, un silencio raro.
Enterarte por el sistema y no por tu pareja duele el doble, y ese dolor no es exagerado.
A la traición se le suma quedar al final de la fila en tu propia vida.
El obispo no es tu terapeuta
Y no tiene por qué serlo, porque su papel es espiritual y de conducción, no clínico.
Mucha gente nos cuenta que esa orientación le sirvió para lo espiritual y le quedó corta para lo emocional.
Son dos procesos distintos, y tener uno no te obliga a renunciar al otro.
Puedes ir a hablar con tu obispo y hacer terapia al mismo tiempo, sin que ninguno le falte el respeto al otro.
La culpa religiosa y el arrepentimiento no son lo mismo
Esta distinción alivia bastante cuando se entiende: el arrepentimiento es un camino que tu fe describe y acompaña.
La culpa que no se mueve, la que te despierta a las tres de la mañana, es otra cosa.
Cuando lo religioso se vuelve lucha interna, se asocia con peor bienestar (Exline y colegas, 2014).
Sentir que Dios te falló, o que le fallaste tú, es un tema propio y merece espacio propio.
«Tengo que perdonar ya»
El perdón es central en tu fe, pero también es un proceso que no se puede apurar.
Cuando llega antes de que hayas procesado el daño, funciona como tapa y no como salida.
Y suele traer una culpa nueva: sentir que fallas por no poder perdonar todavía.
Perdonar tarde no es perdonar mal, y perdonar no te obliga a reconciliar.
Perdonar es soltar la deuda. Reconciliar es volver a confiar. Lo primero depende de ti. Lo segundo depende también de lo que haga el otro.
Cómo se trabaja eso está en perdonar una infidelidad.
¿Cuál de las dos cosas te están pidiendo en realidad cuando te hablan de perdón?
Lo que la fe puede sumar, si la dejas trabajar a favor
No todo lo religioso empuja en contra: la investigación distingue dos usos muy distintos.
| Suele ayudar | Suele complicar |
|---|---|
| Apoyarte en tu fe como consuelo | Usarla para apurar el perdón |
| Rezar sin pedirte un resultado | Rezar para dejar de sentir lo que sientes |
| Sentir que no llevas esto en soledad | Sentir que esto es un castigo |
| Pedir ayuda concreta a tu comunidad | Callarte para no dar mal ejemplo |
Esa diferencia se midió: apoyarse en la fe se asocia con mejor adaptación, y la lucha religiosa con peor (Ano y Vasconcelles, 2005).
La misma fe puede sostenerte o presionarte, según cómo la uses en estos meses.
Lo que sí le puedes pedir a tu pareja
Las condiciones son las mismas que en cualquier infidelidad, tengas la fe que tengas.
- Corte total con la otra persona, sin despedidas.
- Que conteste tus preguntas la vez veinte igual que la primera.
- Transparencia sostenida, no una promesa de una vez.
- Que su proceso con el obispo no reemplace el proceso contigo.
Ese último punto es específico de tu contexto y conviene decirlo en voz alta.
Confesar no es reparar: son dos cosas distintas y hacen falta las dos.
Si quien fue infiel fuiste tú
También llegan personas de este lado, y suelen llegar aplastadas por la vergüenza.
Aquí no hay reproche, porque ya tienes bastante con el que traes.
Confesar puede ordenar tu parte espiritual y no ordena todavía nada del matrimonio.
Lo que tu pareja necesita se construye con conducta sostenida, no con una conversación.
Qué hacer con la culpa está en culpa tras la infidelidad.
Separarte no te saca de tu fe
Si esa posibilidad aparece, no significa que hayas fallado en lo que crees.
La doctrina valora muchísimo el matrimonio y también reconoce que hay situaciones donde separarse es lo correcto.
Esa decisión es tuya, y no conviene tomarla en el peor momento ni empujada por nadie.
Que tu entorno tenga una opinión fuerte no la convierte en tu respuesta.
Cuándo conviene pedir ayuda
- No duermes, no comes o no puedes con la casa ni con el trabajo.
- Sientes que no tienes con quién hablar sin que se entere la congregación.
- Te repites que deberías estar mejor y eso te hace sentir peor.
- Volvieron a estar juntos y siguen teniendo la misma pelea cada semana.
- Aparecen ideas de hacerte daño: eso se atiende hoy, y tienes los números en contactos de emergencia.
Nada de esa lista es un diagnóstico, y solo un profesional puede evaluarlo, pero sí alcanza para pedir una consulta, sobre todo si se sostiene en el tiempo.
Qué esperar de la terapia si eres SUD
No te vamos a pedir que dejes tu fe, ni tu congregación, ni que te separes.
Tampoco vamos a discutir tus creencias: entran a la consulta como parte de quién eres.
Lo que puedes esperar es un lugar donde hablar sin que nadie de tu barrio se entere.
Trabajamos con familias latinas de la Iglesia en Utah, California, Nevada, Arizona, Texas y Florida.
Y si tu pareja no quiere venir, puedes empezar por tu cuenta: la terapia individual también sirve.
¿Qué te frena más hoy, la decisión sobre el matrimonio o el qué dirán?
Cómo te podemos ayudar
En Psicología On The Go trabajamos con esto todos los días, y atendemos online a hispanos en Estados Unidos, México y el resto de LATAM.
Si no sabes por dónde empezar, puedes hacer nuestro test de infidelidad, que es gratuito y te ubica.
Un consejo que no estaba arriba: elige una sola persona de afuera de tu barrio y cuéntale.
Alguien de otro estado, un familiar lejano, un profesional: con una persona alcanza para dejar de llevarlo en soledad.
¿Quién sería esa persona para ti?
Autor: Lic. Mario Guerra, MN 72425. Revisión clínica: Lic. Belén Humenczuk, MN 59898.
Ver también:
- Infidelidad en parejas Testigos de Jehová
- Cómo superar una infidelidad, paso a paso
- Terapia de pareja por infidelidad
Fuentes consultadas
- Atkins, D. C., y Kessel, D. E. (2008). Religiousness and infidelity: attendance, but not faith and prayer, predict marital fidelity. Journal of Marriage and Family, 70(2), 407–418. doi.org/10.1111/j.1741-3737.2008.00490.x
- Ano, G. G., y Vasconcelles, E. B. (2005). Religious coping and psychological adjustment to stress: a meta-analysis. Journal of Clinical Psychology, 61(4), 461–480. doi.org/10.1002/jclp.20049
- Exline, J. J., Pargament, K. I., Grubbs, J. B., y Yali, A. M. (2014). The Religious and Spiritual Struggles Scale: development and initial validation. Psychology of Religion and Spirituality, 6(3), 208–222. doi.org/10.1037/a0036465
- Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., y Layton, J. B. (2010). Social relationships and mortality risk: a meta-analytic review. PLoS Medicine, 7(7), e1000316. doi.org/10.1371/journal.pmed.1000316