Pediste turno y ahora no sabes bien qué va a pasar en esa hora; te imaginas un diván, un cuaderno y a alguien anotando sin decir nada.
O al revés: alguien que te va a decir qué hacer con tu vida, pero una psicoterapia tiene una forma bastante concreta y se puede contar.
Aquí vas a ver las fases de un proceso completo, qué pasa en cada una y qué te toca a ti.
También cómo saber si está avanzando, qué hacer si no lo está y cómo se termina.
Es lo que explicamos en la primera entrevista, cada semana, a quien nunca antes hizo terapia.
Antes de empezar: qué no es una psicoterapia
No es una charla con una amiga que además cobra.
Tampoco es un lugar donde alguien te dice qué decisión tomar: es un trabajo con método, con un profesional formado y con objetivos que se acuerdan.
Y no hace falta estar mal del todo
Mucha gente llega sin diagnóstico y con la sensación de que su tema no es tan grave, pero ese es un buen motivo de consulta como cualquier otro.
En consulta vemos llegar decisiones postergadas, duelos viejos y relaciones que ya no dan más.
Lo primero que conviene saber: qué pasa con lo que cuentas
Lo que hablas en sesión está protegido por el secreto profesional: no sale de ahí, salvo cuando hay riesgo para tu vida o la de otra persona.
Esa excepción existe en todos lados y quien te atiende debería explicártela al empezar.
Y en pareja, ¿se cuentan las cosas?
Es la duda más frecuente cuando cada uno tiene una entrevista a solas: las reglas se acuerdan al principio y se dicen en voz alta, delante de los dos.
Si nadie te aclaró esto, pregúntalo. Es tu derecho y no incomoda a nadie serio.
Fase 1: la entrevista donde cuentas qué te trae
La primera sesión sirve para dos cosas y ninguna es empezar el tratamiento: sirve para que cuentes qué pasa y para que veas si esa persona te sirve.
También es el momento de preguntar precio, frecuencia y qué ocurre si faltas.
No llegues con un relato armado. Llegar desordenado también es información.
Si no sabes por dónde arrancar
Es lo más común y nadie tiene un guion la primera vez.
Reunimos ideas concretas en cómo hablar en terapia.
Fase 2: las semanas en que te conocen
Después vienen algunas sesiones de conocer tu historia, tus vínculos y lo que ya intentaste, y no es tiempo perdido: es lo que evita que te apliquen una receta genérica.
Cuánto dura este tramo cambia mucho de una persona a otra.
En un motivo acotado puede ser corto; en una historia larga, bastante más.
Fase 3: ponerle nombre a lo que te pasa
Aquí quien te atiende te devuelve lo que entendió y te explica cómo funciona tu problema.
Esa parte tiene nombre propio: psicoeducación, o sea explicarte el mecanismo de lo que te pasa, y sirve porque entender por qué reaccionas así ya baja parte del susto.
Un diagnóstico no es una etiqueta para siempre
Describe un cuadro en un momento. Solo un profesional puede evaluarlo, y no lo hace un artículo.
Si algo de lo que te dicen no te cierra, decirlo en sesión es parte del trabajo.
Fase 4: los objetivos se acuerdan entre los dos
Se estudió la relación entre acordar objetivos y el resultado del tratamiento (Tryon y cols., 2018).
La asociación aparece de forma constante, aunque no prueba por sí sola qué causa qué, y si nunca te preguntaron qué quieres lograr, es una pregunta que puedes hacer tú.
Trabajar sobre lo que a ti te importa hace más fácil sostener el proceso.
Fase 5: el trabajo propiamente dicho
Es la parte más larga y la que menos se parece a lo que se ve en las películas.
Aparecen ejercicios, registros, conversaciones preparadas y cosas para probar en tu semana.
Lo que mueve una terapia pasa más entre sesión y sesión que dentro de la sesión.
Y va a haber semanas peores
No es una línea que sube: hay retrocesos, y suelen aparecer justo cuando algo importante se toca.
Un retroceso no significa que la terapia no sirva. Significa que te acercaste a algo.
¿Qué haces normalmente cuando algo te remueve y aparece la idea de faltar?
El vínculo también es parte del método
Cuando se mide la relación entre el vínculo con quien te atiende y el resultado, esa relación aparece siempre (Flückiger y cols., 2018).
Hay una discusión larga sobre cuánto explican los factores comunes a todas las terapias (Wampold, 2015).
Que te sientas cómodo no es un detalle simpático: es parte de cómo funciona esto.
Fase 6: cómo se sabe que algo avanza
Se juntaron estudios sobre medir el avance sesión a sesión y devolver esa información (Lambert y cols., 2018).
Mirar los datos ayuda sobre todo a detectar a quienes no están mejorando.
¿Qué sería, para ti, una señal de que esto sirve?
Duermes distinto, discutes menos, tomas esa decisión postergada, o el mismo problema pesa menos.
Si no ves ningún movimiento
Llévalo a la sesión antes de abandonar. Es un tema legítimo y quien te atiende debería recibirlo bien.
Dejar el tratamiento antes de tiempo es más frecuente de lo que se cree, y se midió cuánto (Swift y Greenberg, 2012).
Hablar del malestar con tu terapia, dentro de tu terapia, es lo que más veces evita ese final.
Fase 7: espaciar las sesiones y cerrar
El final no es un corte seco: las sesiones se separan de a poco.
Primero cada quince días, después una vez al mes, para ver cómo te sostienes con más tiempo.
Ese tramo también se trabaja, porque despedirse de un espacio así remueve cosas.
El alta se conversa entre los dos y no la decide una sola parte.
Qué te toca a ti en todo esto
Sostener la frecuencia, incluso las semanas en que no tienes ganas de conectarte.
Decir lo que no dijiste, sobre todo lo que te da vergüenza contar.
Y hacer algo con lo que sale, aunque sea una cosa chica por semana.
Lo que no te toca
No te toca llegar entretenido ni tener avances para mostrar, y tampoco te toca elegir la técnica: eso es trabajo de quien te atiende.
¿Estás yendo a terapia a contar tu semana o a cambiar algo de ella?
Qué pasa si necesitas medicación
Un psicólogo no receta, porque no es médico. Un psiquiatra sí.
A veces los dos trabajan en paralelo y eso no es un fracaso de la terapia.
Lo explicamos en psicólogo o psiquiatra.
Que te sugieran una consulta médica no quiere decir que estés grave.
Qué cambia según el tipo de terapia
Las fases se parecen, pero cada enfoque tiene su forma de trabajar dentro de ellas.
Los comparamos en tipos de terapia y cómo trabajan los psicólogos.
Si buscas un proceso con foco y menos sesiones, mira qué es la psicoterapia breve.
Y qué cambia si es en pareja
Se suma una entrevista con cada uno por separado y una devolución conjunta.
Lo detallamos en cuándo comenzar terapia de pareja.
Si es por videollamada, ¿es lo mismo?
El encuadre y las fases no cambian. Cambia dónde estás sentado.
Lo desarrollamos en terapia en línea, con lo que dice la investigación.
Lo que sí conviene resolver es el lugar desde donde te vas a conectar.
Una última cosa que casi nadie hace
Un proceso ordenado tiene entrevista, evaluación, objetivos acordados, trabajo y un cierre conversado.
Y hay algo simple que multiplica todo eso: escribir dos líneas al salir de cada sesión.
Qué te llevaste y qué te quedó picando. Nada más que eso.
A los tres meses ese cuaderno te muestra el avance que la memoria sola no registra.
Si quieres saber si tu caso necesita terapia individual, de pareja o las dos, puedes reservar una primera entrevista y consultarlo.
¿Cuál de estas fases es la que más te preocupa antes de empezar?
Fuentes
- Tryon, G. S., Birch, S. E., & Verkuilen, J. (2018). Meta-analyses of the relation of goal consensus and collaboration to psychotherapy outcome. Psychotherapy, 55(4), 372–383. doi.org/10.1037/pst0000170
- Flückiger, C., Del Re, A. C., Wampold, B. E., & Horvath, A. O. (2018). The alliance in adult psychotherapy: A meta-analytic synthesis. Psychotherapy, 55(4), 316–340. doi.org/10.1037/pst0000172
- Wampold, B. E. (2015). How important are the common factors in psychotherapy? An update. World Psychiatry, 14(3), 270–277. doi.org/10.1002/wps.20238
- Lambert, M. J., Whipple, J. L., & Kleinstäuber, M. (2018). Collecting and delivering progress feedback: A meta-analysis of routine outcome monitoring. Psychotherapy, 55(4), 520–537. doi.org/10.1037/pst0000167
- Swift, J. K., & Greenberg, R. P. (2012). Premature discontinuation in adult psychotherapy: A meta-analysis. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 80(4), 547–559. doi.org/10.1037/a0028226