Qué es el apego y qué tipos de apego existen en la pareja

Qué es el apego, cuáles son los cuatro tipos de apego y cómo influyen en tu pareja, explicado en palabras simples y sin ponerte una etiqueta.

Qué es el apego y qué tipos de apego existen en la pareja

Le escribes y tarda tres horas en contestar.

Y en esas tres horas te armaste una película entera.

O al revés: alguien se acerca demasiado y de pronto te dan ganas de desaparecer.

Las dos cosas se sienten como carácter, como algo que eres y que no se puede tocar.

Pero no lo son: son maneras aprendidas de manejar el miedo a perder a alguien.

Aquí tienes qué es el apego, los cuatro estilos en palabras simples y qué se hace con el tuyo.

Es lo que trabajamos cada semana en consulta, con gente que llegó cansada de repetir siempre el mismo final.

Qué es el apego

Es la manera en que buscas cercanía y calma cuando algo te asusta.

No mide cuánto quieres a alguien. Mide qué haces con el miedo a perderlo.

De bebé lo aprendiste con quien te cuidaba: si llorabas y alguien venía, o si no venía nadie.

Esa experiencia dejó una especie de guion, y ese guion sigue funcionando de adulto.

¿Qué haces tú hoy cuando algo te asusta dentro de una relación?

De dónde sale la idea

El psiquiatra inglés John Bowlby la desarrolló a mediados del siglo pasado.

Su idea fue simple y potente: buscar a alguien cuando tienes miedo no es debilidad, es lo que nos mantuvo vivos.

Su colega Mary Ainsworth lo llevó al laboratorio y observó cómo reaccionaban los bebés al separarse de su madre.

Décadas después, dos investigadores probaron algo nuevo: mirar las relaciones de pareja adultas con esas mismas categorías (Hazan y Shaver, 1987).

Ahí nació todo lo que hoy lees sobre apego y pareja.

Antes de los cuatro estilos: una advertencia

Los estilos de apego se cuentan como si fueran cuatro cajas, y no lo son.

Un estudio se preguntó justamente eso: si son categorías separadas o cuestión de grado.

La respuesta fue que se distribuyen en grados, no en tipos cerrados (Fraley y cols., 2015).

Casi nadie es “un ansioso” o “un evitativo”. Casi todos tenemos un poco de cada cosa, en distinta medida.

Además tu apego cambia según con quién estés y según el momento que estés atravesando.

Lee lo que viene como una descripción que te puede sonar, no como un resultado que te define.

Los cuatro estilos, en palabras simples

Apego seguro

Te acercas sin miedo y te alejas sin culpa.

Cuando algo te molesta, lo dices, y esperas que la otra persona escuche.

La cercanía te calma en vez de ponerte en guardia, y por eso no necesitas comprobar nada.

No significa que no sufras: significa que el miedo no te maneja la conducta.

Apego ansioso

El miedo central es que te dejen.

Estás muy atento a cualquier señal: un tono raro, un mensaje corto, un “hablamos después”.

Necesitas confirmación seguido, y cuando no llega, te sube la angustia hasta el pecho.

Y muchas veces no dices lo que te pasa: lo actúas, con reclamos o con silencios cargados.

El problema no es tu miedo. Es lo que haces con él cuando no lo puedes nombrar.

Si te reconoces ahí, te va a servir lo que escribimos sobre la desconfianza en el amor.

Apego evitativo

El miedo central es quedar atrapado.

Valoras mucho tu independencia y te incomoda que alguien se acerque demasiado.

Cuando la conversación se pone íntima, cambias de tema o te levantas a hacer cualquier cosa.

Te cuesta pedir ayuda y mostrarte mal, porque necesitar a alguien te parece peligroso.

Desde afuera parece frialdad. Desde adentro es protección.

Apego desorganizado

Aquí conviven los dos miedos: te asusta que te dejen y te asusta que se acerquen.

Entonces te acercas mucho, y justo cuando el otro responde, te vas.

Suele aparecer en historias donde quien tenía que cuidarte también te daba miedo.

¿Te ha pasado de conseguir lo que pedías y sentir de golpe que quieres huir?

Es el estilo que más se enreda con relaciones dañinas, y también el que más se beneficia de trabajarlo con un profesional, no a solas.

Si te suena y la relación te hace daño, empieza por cómo salir de una relación tóxica.

Los cuatro, en una tabla

Qué temesQué haces al asustarteQué te calma
SeguroPerder algo buenoLo dicesQue te respondan
AnsiosoQue te dejenTe acercas de másQue te confirmen
EvitativoQuedar atrapadoTe alejasRecuperar tu espacio
DesorganizadoLas dos cosasTe acercas y te vasCuesta encontrarlo solo

Cuando un ansioso se junta con un evitativo

Es la combinación que más vemos en consulta y también la que más desconcierta a los dos.

Uno se acerca porque tiene miedo. El otro se aleja porque tiene miedo.

Y cada movimiento confirma el miedo del otro.

Ella pide hablar, él se cierra. Él se cierra, ella pide más.

No se pelean porque no se quieran. Se pelean porque cada uno se calma haciendo justo lo que asusta al otro.

Salir de esa rueda no es cuestión de voluntad: es cuestión de ver la rueda.

¿Cuál de los dos movimientos haces tú cuando algo se pone tenso?

Lo que el apego no es

  • No es un diagnóstico. Solo un profesional puede evaluar qué te está pasando.
  • No es una excusa. Explica tu conducta; no la justifica ni te libera de repararla.
  • No es una etiqueta para el otro. Decirle “eres evitativo” en una pelea es un arma, no un dato.
  • No es tu culpa. Nadie eligió cómo lo cuidaron a los dos años.
  • No es para siempre. Es lo que aprendiste, y lo aprendido se puede mover.

¿Se puede cambiar tu tipo de apego?

Se puede mover. No de un día para otro, y no leyendo sobre el tema.

Un análisis que juntó estudios de seguimiento encontró que la seguridad del apego es moderadamente estable durante los primeros diecinueve años (Fraley, 2002).

Moderadamente estable quiere decir bastante firme, pero no de piedra.

Lo que lo mueve son experiencias repetidas, no una conversación buena.

Alguien que responde cuando lo necesitas, muchas veces, durante mucho tiempo.

Una revisión describe cómo esos patrones se sostienen y se modifican en la vida adulta (Fraley, 2019).

Y otra revisión resume cómo el apego adulto se mete en casi todo lo que pasa en una pareja (Mikulincer y Shaver, 2012).

El apego después de una infidelidad

Una traición sacude esto de raíz.

Mucha gente que se sentía tranquila en sus relaciones empieza a estar en alerta todo el día.

Eso no significa que tu apego siempre fue inseguro y ahora se ve.

Significa que algo que creías seguro dejó de serlo, y tu alarma se encendió con razón.

Cómo se vive eso en el cuerpo lo desarrollamos en el artículo sobre el trauma por infidelidad.

Qué se hace con esto en terapia

No se trata de ponerte una etiqueta y quedarse ahí, porque con eso no cambia nada.

Se trata de que veas el momento exacto en que te acercas de más o te vas.

Y de que aprendas a decir el miedo en voz alta antes de actuarlo.

Ese segundo de diferencia es donde ocurre casi todo el trabajo.

En pareja, además, se trabaja el ciclo entre los dos, no la falla de uno.

Lo que sostiene ese trabajo es lo mismo que sostiene cualquier vínculo: una relación sana que se pueda reparar después de una pelea.

Cómo te podemos ayudar

En Psicología On The Go atendemos online a hispanos en Estados Unidos, México y el resto de LATAM.

Trabajamos mucho con esto, sobre todo cuando el mismo final se te repite en cada relación.

Si además hubo una infidelidad, el apego y la herida se mezclan y conviene desarmarlos por separado.

Puedes empezar por nuestro test de infidelidad, que es gratuito y te ubica en qué punto estás.

Un consejo que no estaba arriba: no uses esto para explicarle a tu pareja lo que le pasa.

Úsalo para contarle qué te pasa a ti cuando te asustas, que es mucho más difícil y mucho más útil.

¿Qué haces tú en el minuto siguiente a sentir que alguien se aleja?

Autora: Lic. Belén Humenczuk, MN 59898.


Ver también:

Fuentes consultadas

  • Hazan, C., & Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52(3), 511–524. doi.org/10.1037/0022-3514.52.3.511
  • Fraley, R. C. (2002). Attachment stability from infancy to adulthood: meta-analysis and dynamic modeling of developmental mechanisms. Personality and Social Psychology Review, 6(2), 123–151. doi.org/10.1207/s15327957pspr0602_03
  • Fraley, R. C., Hudson, N. W., Heffernan, M. E., & Segal, N. (2015). Are adult attachment styles categorical or dimensional? Journal of Personality and Social Psychology, 109(2), 354–368. doi.org/10.1037/pspp0000027
  • Fraley, R. C. (2019). Attachment in adulthood: recent developments, emerging debates, and future directions. Annual Review of Psychology, 70, 401–422. doi.org/10.1146/annurev-psych-010418-102813
  • Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2012). Adult attachment orientations and relationship processes. Journal of Family Theory & Review, 4(4), 259–274. doi.org/10.1111/j.1756-2589.2012.00142.x

Preguntas frecuentes

¿Qué es el apego?

Es la manera en que buscas cercanía y calma cuando algo te asusta o te duele. Se arma en la infancia, con las personas que te cuidaron, y después se nota sobre todo en la pareja: en cuánto te acercas, cuánto te alejas y qué haces cuando el otro se pone distante. No es cuánto quieres a alguien, es qué haces con el miedo a perderlo.

¿Cuáles son los tipos de apego?

Se suelen describir cuatro: seguro, ansioso, evitativo y desorganizado. El seguro se acerca sin miedo y se calma con la cercanía. El ansioso teme el abandono y necesita mucha confirmación. El evitativo se aleja cuando la intimidad aprieta. Y el desorganizado alterna las dos cosas. Son descripciones útiles, no diagnósticos.

¿Cómo sé cuál es mi tipo de apego?

Con un artículo, no lo sabes, y con un test de internet tampoco. La investigación actual mide el apego en grados y no en cajas cerradas, así que casi nadie encaja entero en uno solo. Lo que sí puedes hacer es mirar qué haces cuando te asustas en una relación: si te acercas de más, si te alejas o si haces las dos cosas seguidas.

¿Se puede cambiar el estilo de apego?

Puede moverse, sí. Un análisis que juntó estudios de seguimiento encontró que la seguridad del apego es moderadamente estable durante los primeros diecinueve años de vida: bastante firme, pero no de piedra. Lo que la mueve son relaciones sostenidas en el tiempo, con alguien que responde cuando lo necesitas, y muchas veces también un proceso de terapia.

¿El apego ansioso arruina las relaciones?

No, y esa idea hace mucho daño. Tener miedo al abandono no te vuelve una persona tóxica ni condena tu relación. Lo que complica no es el miedo, es lo que haces con él: revisar, poner pruebas, callarte y después estallar. Cuando el miedo se puede decir en voz alta y la otra persona responde, casi todo el problema baja de intensidad.

¿Una infidelidad puede cambiar mi forma de apegarme?

Puede sacudirla fuerte. Después de una traición mucha gente que se sentía tranquila en sus relaciones empieza a estar en alerta todo el tiempo, y eso no significa que su apego siempre fue inseguro. Significa que algo que creías seguro dejó de serlo. Con trabajo, esa alarma baja de intensidad, aunque nadie puede decirte cuándo.

¿Quieren reconstruir pero cada conversación termina peor? No es falta de amor: es falta de método.

Conocer la terapia de pareja especializada