
Te acuerdas de cuándo dejó de pasar, más o menos: no hubo pelea, simplemente empezaron a acostarse en horarios distintos y nadie dijo nada.
Ahora se quieren bien, se cuidan, funcionan, y esa parte te quedó apagada; cada tanto lo piensas, no dices nada, y se te pasa.
Pero el deseo no se te fue porque quieras menos a tu pareja: se te fue porque dejó de haber algo que descubrir.
Aquí vas a ver qué apaga la pasión cuando todo es previsible, por qué fallan los consejos de siempre y qué sí la mueve.
Es de lo que más consultan las parejas de muchos años.
El deseo necesita algo que todavía no conoces
La convivencia te da seguridad, y tu deseo no vive de la seguridad.
Esa es la contradicción con la que llega casi toda pareja de años.
Necesita cierta distancia, cierta novedad y algo que todavía no tengas del todo.
Cuando sabes cómo va a empezar, cómo va a seguir y cuánto va a durar, tu cabeza deja de anticipar nada.
No es que tu pareja te aburra: es que ya no te sorprende, y tu deseo se alimenta de eso.
¿Cuándo fue la última vez que viste a tu pareja hacer algo que no esperabas?
Por qué no te sirven las tres claves de siempre
Ya las leíste: cenas románticas, ropa nueva, un fin de semana afuera.
Te funcionan un rato y después vuelven al mismo punto, y hay un motivo.
No es que estén mal: es que apuntan al ambiente y no a lo que te pasa a ti.
Aron y su equipo compararon parejas que hacían actividades agradables con parejas que hacían actividades nuevas y estimulantes. Las segundas reportaron mejor calidad de vínculo.
Lo agradable te relaja, lo nuevo te activa, y el deseo se parece más a lo segundo.
Una cena linda no te cambia nada si es la misma cena de hace diez años.
¿Cuál fue la última vez que hiciste algo con tu pareja y no sabías cómo iba a salir?
Esperar las ganas es esperar de más
Aquí está el malentendido que más consultas nos genera, y es el que más culpa te hace cargar sin que haga falta.
Te enseñaron que primero llegan las ganas y después el encuentro.
Rosemary Basson describió otro modelo: el deseo que aparece a partir del contacto, no antes.
Si esperas sentir ganas espontáneas para acercarte, puedes esperar años.
Eso no significa que te fuerces: significa empezar por la cercanía y ver qué pasa, sin obligación de que pase algo.
Si a los diez minutos no te pasa nada, paran, sin drama y sin conclusiones.
El resto de esta parte lo desarrollamos en cómo mejorar el sexo con tu pareja.
La creencia que te está frenando sin que lo sepas
Hay dos formas de pensar el sexo en pareja y te cambian todo.
La mayoría de la gente tiene una de las dos sin haberla elegido nunca.
Una dice que si la pareja es la correcta, el deseo se da solo; la otra dice que se trabaja.
Un estudio con parejas que atravesaban una baja del deseo encontró que creer que la sexualidad se construye se asociaba con mejor bienestar en los dos.
Si crees que el deseo debería salir solo, cuando no sale lo lees como una señal de que se acabó.
Y si lo lees así, no lo hablas, y si no lo hablas, no te cambia nada.
¿Cuál de las dos ideas tienes tú metida, aunque nunca la hayas dicho en voz alta?
“Pensé que si tenía que esforzarme era porque ya no lo quería. Nadie me dijo que es al revés”.
Atracción no es lo mismo que deseo
Vale que los separes, porque se confunden todo el tiempo.
Puedes encontrar atractiva a tu pareja y no tener ganas de nada: son dos cosas distintas.
La atracción es lo que ves; el deseo es lo que tu cuerpo tiene disponible ese día.
Y lo que tu cuerpo tiene disponible depende de tu sueño, de tu estrés, del enojo de la tarde.
Por eso hay noches en que la miras y te encanta, y aun así no tienes nada.
Eso no dice nada de tu amor: dice algo de tu semana.
Qué mueve la pasión de verdad
| Lo que suele intentarse | Lo que suele funcionar mejor |
|---|---|
| Una noche especial al mes | Contacto sin destino, todos los días |
| Ropa o juguetes nuevos | Tiempo a solas sin pantallas |
| Esperar que aparezcan las ganas | Empezar y ver qué pasa |
| Hablar de lo que falta | Hablar de lo que a cada uno le gusta |
| Un viaje que carga con todo | Una actividad nueva y difícil juntos |
Nada de esa columna te cuesta dinero, pero casi todo te cuesta atención.
Y casi todo empieza fuera de la cama, que es donde nadie lo busca.
Recuperar la distancia que se perdió
Suena raro en un artículo sobre acercarse, y es de lo que más rinde.
Cuando dos personas hacen absolutamente todo juntas, dejan de ser dos personas.
Ver a tu pareja hacer algo que hace bien, sola, sin ti, te la devuelve como alguien aparte.
Un curso, un deporte, un grupo propio: vuelves a mirarla desde afuera un rato.
Y tú también necesitas algo tuyo, no para alejarte: para volver con algo.
¿Hace cuánto que no ves a tu pareja en su mejor versión, con gente que no eres tú?
Sácale el objetivo al encuentro
Este es el consejo que más resistencia genera y el que más destraba.
Cuando cada acercamiento tiene un destino obligatorio, cualquier caricia se vuelve una promesa.
Y si tocar significa comprometerse a terminar, vas a dejar de tocar.
Acuerden un tiempo con caricias, besos y cercanía, y sin relación sexual, a propósito.
No es una prohibición: es sacarle el examen a algo que dejó de ser un juego.
A la mayoría le cuesta la primera semana y agradece la segunda.
De golpe pueden abrazarse sin que nadie tenga que decidir nada.
Lo que no te va a ayudar
- Ponerte una meta de frecuencia como si fuera una cuota.
- Comparar tu vida sexual con la de otras parejas o con lo que ves en pantalla.
- Usar el encuentro para cerrar una discusión que sigue abierta.
- Insistir después de un no, aunque sea de buen modo.
- Hablar del tema justo antes o justo después, y a oscuras.
Ninguna técnica te va a funcionar mientras el tema siga siendo un reproche.
La cifra que te está molestando
Muchas parejas llegan preguntando cuánto es lo normal.
Es la primera pregunta y casi siempre viene con miedo a la respuesta.
En un estudio grande sobre frecuencia sexual y bienestar, la asociación positiva dejaba de crecer más allá de aproximadamente una vez por semana.
Más no es automáticamente mejor, y compararte con un número ajeno suele empeorarlo.
La pregunta útil no es cuántas veces: es si los dos están conformes con cómo están.
Cuándo pedir ayuda
Cuando el tema no se puede tocar sin que termine en pelea.
Cuando hay dolor, miedo o rechazo marcado al contacto.
Cuando alguno de los dos vive la intimidad como una obligación.
Y cuando hace meses que lo piensas y nunca lo dices.
Ese silencio, sostenido en el tiempo, hace más daño que la diferencia de ganas.
Y cuando la caída fue brusca: ahí conviene una consulta médica antes que cualquier conclusión sobre la relación.
Un último consejo
Quédate con esto: la pasión vuelve cuando dejas de esperarla y empiezas a crear las condiciones.
Y un consejo que casi nadie da: dejen de intentar recuperar lo que tenían al principio.
Aquello funcionaba porque no se conocían: lo que tienes ahora se parece más a inventar algo nuevo que a volver atrás.
“Dejamos de compararnos con nosotros mismos a los veinte años y recién ahí se nos ocurrió algo”.
Si quieren trabajarlo acompañados, pueden reservar una primera sesión por videollamada.
¿Qué cosa harían esta semana que ninguno de los dos pueda anticipar cómo termina?
Fuentes
- Aron A, Norman CC, Aron EN, McKenna C, Heyman RE. Couples’ shared participation in novel and arousing activities and experienced relationship quality. Journal of Personality and Social Psychology, 2000;78(2):273-284.
- Basson R. The female sexual response: a different model. Journal of Sex & Marital Therapy, 2000;26(1):51-65.
- Raposo S, Rosen NO, Corsini-Munt S, Impett EA, Muise A. Navigating women’s low desire: sexual growth and destiny beliefs and couples’ well-being. The Journal of Sex Research, 2021.
- Muise A, Schimmack U, Impett EA. Sexual frequency predicts greater well-being, but more is not always better. Social Psychological and Personality Science, 2016;7(4):295-302.
Ver también: